Llamada de emergencia por los niños huérfanos del ébola

Niños de Sierra Leona recibiendo ayuda de Caritas Freetown, durante el apogeo de la pandemia.

Niños de Sierra Leona recibiendo ayuda de Caritas Freetown, durante el apogeo de la pandemia. Foto por Tommy Trenchard / Caritas

“Espero que se acuerde usted de la chica que conoció en el centro de la localidad de Sima, que estaba con su hermano menor”, reinaba el silencio mientras el Padre Peter Konteh, Director de Caritas Freetown, leía la carta de exhortación de Yatta.

El P. Konteh estaba hablando e hizo estas declaraciones en un evento de la ONU, celebrado en Ginebra, el pasado 17 de junio, en respuesta a las necesidades psicológicas de los huérfanos cuyos padres murieron a causa del virus del ébola. El evento paralelo que tuvo lugar en Ginebra, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, fue organizado por las Misiones Permanentes ante la ONU de Sierra Leona, Guinea y Liberia, y por Caritas Internationalis.

En los tres arriba mencionados países, se han registrado 27.305 casos de ébola, en los cuales 11.168 personas resultaron muertas. Unos 16.000 niños perdieron a uno o ambos padres, a causa de la enfermedad.

Esta es la carta que el P. Konteh recibió de una niña:

Espero que se acuerde Usted de la chica que conoció en el centro de la localidad de Sima, con su hermano menor. Entonces le dije que somos ocho hermanos y que hemos perdidos a ambos padres. Yo también estuve enferma, así como mi hermano menor, pero nosotros dos logramos sobrevivir, gracias a Dios. Sin embargo, desde entonces, mi hermano está teniendo problemas de vista y no puede oír bien. Y yo también tengo dolores en los huesos. Los médicos dicen que eso es lo que ocurre con la mayoría de la gente que consigue sobrevivir al ébola. Cuatro de nosotros estamos de vuelta en Kenema, viviendo con nuestra tía y los dos hermanos más pequeños están ahora de vuelta en el pueblo viviendo con la abuela. Mis otros dos hermanos, que van a la escuela secundaria, se encuentran todavía en Freetown con nuestro tío, y allí están yendo a la escuela.

Padre, la situación es muy difícil, porque nuestra tía vive con sus tres hijos y sin marido. La estamos ayudando a ella a vender jabón de sosa, para poder pagar nuestra matrícula escolar. Sin embargo, ya dos veces han intentado violar a nuestra hermana menor, Hawa, mientras estaba fuera vendiendo. Nuestro hermano menor todavía no puede escuchar bien y su maestro ha dicho que no va bien en la escuela, además también le molestan los ojos. A veces me dice que tiene fuertes dolores de cabeza. Yo también sigo teniendo dolores en los huesos, pero doy gracias a Dios porque me siento mejor que mis amigos que viven en el centro. Me siento avergonzada, porque cuando trato de pedir ayuda a la gente, siempre los hombres quieren que me yo sea su amante. Un hombre casado con hijos de mi edad es uno de ellos.

Padre, le estoy pidiendo ayuda a gritos. Mis dos hermanos están en Freetown, pero dicen que quieren venir aquí porque tienen que caminar mucho para ir a la escuela, que está muy lejos de casa y no tienen dinero para el transporte, nuestro tío es viejo y no trabaja. A veces, me enfado porque yo ni siquiera sé donde están enterrados mis padres y no puedo ir a hablar con ellos, para contarles lo que nos está pasando. Nuestra tía también parece estar cansada de nosotros. Ella se pelea con los vecinos sobre asuntos sin importancia y que a veces puede ser muy dura con todos nosotros. El otro día, la vi llorando en su habitación y eso me puso muy triste.

Aly Diané, de la Misión Permanente de Guinea, dijo: “El hecho es de que los huérfanos necesitan ser apoyados y asistidos, y que eso es una responsabilidad tanto de las comunidades locales, como internacionales”. Paul Wolokollie Tate, Directivo de la Misión Permanente de Sierra Leona, dijo que los conflictos que les habían atormentado durante años han contribuido a debilitar la salud y otras infraestructuras. Afirmó: “Estábamos empezando a hacer grandes progresos, pero ahora, una vez más los niños son los primeros en sufrir”.

El Dr. Ian Norton, experto de la Organización Mundial de la Salud, compartió su propia experiencia viendo a muchos niños, cuyos padres habían muerto, jugando en las “zonas rojas” de las Unidades de Tratamiento del ébola, porque sus familiares se habían negado a cuidar de ellos, porque temían que iban a llevar la infección a sus nuevos hogares.

El Dr. Dainius Puras, psiquiatra infantil que ahora es Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Salud, habló de la necesidad de un fuerte apoyo de la comunidad para los niños afectados por el brote de ébola y afirmó que una relación personal estrecha con al menos un adulto afectuoso puede aumentar la resiliencia de los niños que han sufrido la tragedia y la pérdida.

Los índices de mortalidad infantil son entre los más altos del mundo, en los tres países afectados. La UNICEF señala que un tercio de los niños no escolarizados en todo el mundo vive en África occidental y central. La región ahora debe cuidar a unos 16.000 huérfanos que han perdido a uno o ambos padres, a causa del ébola.

El P. Peter Konteh identificó a las personas como el mayor “recurso natural” en estos países y expresó su esperanza de que mucha gente vaya a superar su miedo y asuma la responsabilidad de familiares que quedaron huérfanos o de algún miembro de su comunidad. El P. Peter ofreció las siguientes recomendaciones para una atención adecuada y compasiva de estos niños:

  • Reconocer que todas las comunidades tienen recursos para apoyar el bienestar psicosocial;
  • Hacer intervenciones psicosociales holísticas y culturalmente pertinentes;
  • Hacer intervenciones de salud psicosocial / mental sobre la base de la evidencia;
  • Centrar el apoyo en estructuras de pediatría e integrar la programación en estructuras de apoyo comunitario ya existentes;
  • Dar prioridad a las intervenciones de medios de sustento como asunto urgente;
  • Restablecer el funcionamiento de la atención sanitaria y restaurar la confianza del público en los servicios de salud;
  • Poner énfasis en las necesidades de las mujeres y las niñas.

Los participantes se fueron con lágrimas en sus ojos, mientras la súplica de Yatta resonaba en sus oídos y sus corazones: “Por favor, acuérdense de nosotros, en cualquier forma que puedan”.

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