Dalits en Nepal: «No nos dejó de lado»

Casi todos en Nepal siguen pasando apuros tres meses después de que el peor terremoto en más de 80 años cobró las vidas de miles de personas y dejó sin techo a cientos de miles. Sin embargo, la vida es aún más dura para los dalits, el grupo más marginado de la sociedad nepalesa. Alrededor de 4,5 de los 26 millones de habitantes de la nación himalaya pertenecen al grupo que en una época se conoció como los «intocables», en lo más bajo del sistema de castas.

Como mujer dalit, Kamala se encuentra en una posición aún más desfavorecida. Los hombres que pertenecen a su casta al menos pueden tener carnés de identidad, pero ella no tiene derecho a tener tierras o propiedades, ni acceso a la educación. Desde que su esposo murió en el terremoto, ha estado viviendo en una choza de láminas de acero corrugado en la vertiginosa ladera de una montaña con sus dos hijas de siete y 11 años, y ganándose la vida como jornalera ocasional en las parcelas y granjas de otros. Trabaja alrededor de 6 horas al día por 300 rupias nepalís (unas 1,90 libras esterlinas); su hijo de 14 años tuvo que abandonar su educación porque no pudo presentarse a un examen y no le permitieron entrar a la escuela el año siguiente. Él convenció a su madre de que estaría mejor trabajando y ganando algo de dinero para la familia.

Photo by Bikash Khadge/CAFOD

Kamala and her daughters and the newly obtained «certificate of relationship».  Photo by Bikash Khadge/CAFOD

Sentada en una estera al lado de las ruinas de su antigua casa, Kamala describe lo que sucedió el 25 de abril, el día del terremoto de 7,8 grados de magnitud. (La réplica de 7,3 grados del 12 de mayo provocó aún más muerte y destrucción). Ella había ido a la ladera de la montaña con sus hijas a comprar un pollo para ayudar a la recuperación de su esposo, que había pasado un mes en el hospital.

Justo cuando llegaron al camino, la tierra se empezó a sacudir. «No entendíamos lo que nos estaba pasando», dijo Kamala. La más pequeña de sus hijas se aferraba a ella mientras hablaba. «Nos estaba sacudiendo algo desde dentro de la tierra. Agarré a mis dos hijas y nos tiramos al suelo, las apretaba fuertemente. Podía ver mi casa viniéndose abajo».

Para cuando Kamala y las niñas bajaron la cuesta, los vecinos ya habían sacado a rastras el cadáver de su esposo de la casa. «Vi dos pies que salían de una colcha y reconocí sus sandalias», dijo. Tres días después, con la ayuda de algunos vecinos y de pacientes lejanos, lo enterraron.

Debido a los cambios políticos en Nepal, se deberían garantizar los derechos de la viuda – al menos esa es la teoría. Después del alto al fuego con los insurgentes maoístas y la abolición de la monarquía, se redactó una constitución provisional que prohíbe por ley la discriminación y consagra los derechos de propiedad. Sin embargo, debido a las incesantes discusiones, la constitución todavía no ha sido finalizada nueve años después de que se inició el proceso.

Es muy probable que el desastre provoque aún más retraso, de acuerdo con Tank Subedi, co-presidente de la Sociedad Cristiana de Nepal. «Hemos esperado mucho tiempo por nuestra nueva constitución, que consagra en la ley los derechos de todo el pueblo de Nepal», dijo. «Nos enfrentamos a un tiempo difícil, tres meses después del terremoto la gente sigue pasando apuros para salir adelante cada día. Pero debemos encontrar el espacio para impugnar cualquier cosa que no ponga primero los derechos de todos los pueblos en la nueva constitución. Buscamos un resultado final, una constitución inclusiva en donde se respeten los derechos y libertades humanas de todos».

With help of Catholic community. Photo by Bikash Khadge/CAFOD

With help of Catholic community, Kamala is able to care for her family. Photo by Bikash Khadge/CAFOD

La ayuda para Kamala llegó de la reducida minoría de 8.000 católicos en Nepal. Caritas Nepal ha canalizado ayuda de la red católica de socorro a las víctimas, incluyendo 3.3£ donados a CAFOD en Inglaterra y Gales. La viuda recibió víveres – lentejas, arroz, sal y aceite de cocina – un kit de higiene con jabón, detergente y desinfectante, y materiales para reparar el tejado colapsado de su casa. Caritas Nepal y su red de voluntarios locales se unirán a la labor.

Kamala también recibió ayuda de un vecino para obtener un «certificado de relación» de las autoridades locales. Para ella, el documento es preciado: es el trozo de papel que le da alguna forma de identidad, ya que establece que sus tres hijos le pertenecen. Normalmente sólo aparece el nombre del esposo en todo, lo que hace que sea prácticamente imposible para las mujeres rurales recibir cualquier tipo de reconocimiento oficial.

Lo que más la asombró, sin embargo, fue el hecho de que cuando Ananda, el funcionario distrital de Caritas Nepal, vino a preguntarles a los aldeanos qué era lo que más necesitaba, como dalit también se le incluyó en las discusiones. Ella repite como que fuera un mantra: «No nos dejó de lado. Se sentó con nosotros como vecino».

A pesar de todo lo que ha sufrido, pareciera que el terremoto ha fortalecido la determinación de Kamala. «No tuve oportunidad de ir a la escuela, [pero] quiero educación para mis hijas», dice. «Rezo por mi hijo que está en la gran ciudad. Soy una mujer fuerte, guiaré a mi familia».

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