La creciente crisis de migración

Un blog de Martina Liebsch, Responsable de Incidencia de Caritas Internationalis

Hace más de 10 años, vi una película titulada “La marcha”. Mostraba a la policía que luchaba por detener a millones de africanos que intentaban llegar a Europa. La vi junto a otros expertos de migración de Alemania. En aquel momento, pensamos que era inútil porque podría propagar el pánico. Ahora, mientras tiene la lugar la última crisis, con decenas de miles de personas que tratan de llegar a la Unión Europea, a través de Turquía, Grecia, Macedonia, Bulgaria y Serbia, parece que era profética.

Un cuarto de siglo después de la caída del Muro de Berlín, vemos un nuevo muro en construcción, esta vez en Hungría, para detener a los migrantes de Serbia. “Los migrantes quitan puestos de trabajo” es una de las consignas. Son los mismos argumentos contra los migrantes y refugiados que escuché hace 30 años, cuando empecé mi trabajo. Te hace sentir como si el trabajo de muchos fuera en vano.

El comportamiento racista contra los inmigrantes y refugiados nunca es aceptable, incluso a la luz de las dificultades que implica la recepción de tanta gente.

Migrantes y refugiados en tránsito por Serbia. Foto de Caritas Serbia

Migrantes y refugiados en tránsito por Serbia. Foto de Caritas Serbia

En Hungría, algunos actores están fijando carteles que dicen, entre otros cosas: “Disculpennos por el comportamiento de nuestro Primer Ministro”. Como Iglesia, debemos apoyar a esas personas y animar a otros.

Alemania espera recibir 800.000 personas en los próximos meses. Muchas personas de la calle en Alemania y otros países están dispuestas a ayudar, como voluntarias en esta crisis. Su trabajo sólo será posible si hay un amplio movimiento de solidaridad, que no sea exclusivamente para los refugiados, sino para todos los que pasan necesidad.

Caritas y otras organizaciones defienden un trato digno y trámites justos para los migrantes. Hay un deber consagrado, en la Convención de Ginebra de 1951, que es proporcionar protección a los que buscan refugio.

E incluso si no fueran refugiados, que huyen de la guerra y el conflicto, son personas tan desesperadas, que abandonan sus países no obstante un viaje tan arriesgado.

En el plazo de un mes, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDG) serán adoptados por la Asamblea General de la ONU. El párrafo 34 del texto negociado dice: “Vamos a cooperar internacionalmente para garantizar una migración segura, ordenada y regular, que implique el pleno respeto de los derechos humanos y el trato humano de los migrantes, independientemente de su condición migratoria, refugiados y desplazados”.

Tomará tiempo cambiar los corazones y las mentes de las personas sobre este tema. Pero tiene que empezar ahora, porque cada vez vemos más crisis migratorias. Cada vez hay más personas que llegan en barcos, que cruzan el Mediterráneo, miles de migrantes que esperan en Calais, para cruzar el Canal de Inglaterra, mientras la República Dominicana amenaza con deportar a los inmigrantes irregulares que desde Haití pasan su vida en el país vecino, así como las minorías étnicas que huyen del conflicto en Myanmar para morir en el mar.

Campamento de refugiados de Calais, a la espera de cruzar el canal hasta Inglaterra. Foto de Perriot / Caritas

Campamento de refugiados de Calais, a la espera de cruzar el canal hasta Inglaterra. Foto de Perriot / Caritas

En el contexto de la crisis migratoria que debe afrontar la UE, ha llegado el momento de la solidaridad, en forma de recepción compartida, responsabilidad financiera compartida y una política de asilo conjunta, con estándares comparables que sean justos y proporcionen protección.

La Unión Europa comenzó como una unión económica, sin embargo, también es una comunidad de valores. Es comprensible que no todos los países pueden acoger a la misma cantidad de personas, por razones geográficas y económicas. Sin embargo, un gesto de solidaridad puede dar ejemplo a los demás y hacerles mostrar su humanidad.

Y el Fondo Europeo para los Refugiados, un instrumento que se creó para mejorar las condiciones de acogida de los refugiados, puede ayudar con rapidez y de manera no burocrática. Debe haber un cambio en la manera de mirar esta crisis, desde una perspectiva de seguridad, un punto de vista humanitario y los gobiernos deben invertir en consecuencia.

A nivel global es el momento de actuar. Los gobiernos por demasiado tiempo han pensado que podían resolver la movilidad humana con medidas mediocres. Ahora es el momento de actuar, para demostrar solidaridad, dar protección a quienes la necesitan, aumentar los esfuerzos por la paz e invertir en el desarrollo.

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