«Soy un milagro andante» Caritas es una misión

Por Nikki Gamer from CRS

Caritas es una misión, no un trabajo. Nirmala Wijesinghe que opera un centro de acogida de Caritas en Beirut, es uno de los muchos empleados y voluntarios alrededor del mundo que son ejemplo de esto a través de su constante dedicación y su ardua labor.

Staff of Caritas Lebanon Nirmala Wijesinghe, 51, runs a safe house in Beirut for victims of human trafficking and employer abuse.  Photo by CRS

Staff of Caritas Lebanon Nirmala Wijesinghe, 51, runs a safe house in Beirut for victims of human trafficking and employer abuse. Photo by CRS

Nirmala compagina las funciones de cocinera, limpiadora, organizadora, orientadora y directora del centro de Caritas en donde buscan refugio mujeres que han sido traficadas y que han escapado del abuso de sus patrones.

A menudo, estas mujeres migrantes son remitidas a este centro por el gobierno, con quien Caritas trabaja para apoyar a trabajadoras migrantes a fin de ayudarlas a entender mejor sus derechos y reivindicarlos – y que puedan estar en un lugar seguro y digno al hacerlo.

Sin embargo, para Nirmala, la misión de ayudar a estas mujeres es profundamente personal. Cuando tenía apenas 24 años viajó de Sri Lanka a Líbano como migrante económica, dejando atrás a su familia a cambio de la promesa de una vida mejor. Una vez en Líbano, encontró trabajo como empleada doméstica para una familia en Beirut. No obstante, un día mientras trabajaba, Nirmala sufrió una caída. Estaba en un quinto piso, pero no recuerda nada más, tampoco recuerda si fue un accidente. Todo lo que recuerda es que despertó en el hospital sin idea de quién era. Además de haber perdido la memoria, se fracturó la espalda en dos área y quedó paralizada temporalmente de la cintura para abajo.

Han pasado muchos años desde aquel accidente. Ahora, Nirmala camina cojeando. Sin embargo, su energía y tenacidad no han permitido que sus lesiones la definan. Entretanto, pudo reconocer a su familia y conocer detalles de su vida pasada, aunque sigue sin saber las circunstancias en las que ocurrió desafortunada caída.

«Yo creo que mi verdadero viaje comenzó en ese momento», explica Nirmala. «Los médicos me dijeron que nunca volvería a caminar. Pero yo me dije a mí misma ‘Puedo y lo haré’».

Aunque no fue un camino fácil, con el tiempo llegó al centro de acogida y a Caritas mediante un voluntariado. Tras una serie de trabajos como empleada doméstica, Nirmala se vio sin trabajo, sin la documentación legal necesaria para permanecer en el país o los medios económicos necesarios para volver a Sri Lanka.

«Fui a la embajada de Sri Lanka y les expuse mi caso y ellos escribieron el nombre del Centro para Migrantes de Caritas Líbano en un trozo de papel», explica Nirmala. «Así que fui y ellos me enviaron a uno de los albergues para trabajadoras y trabajadores migrantes».

Durante el tiempo que pasó en el albergue sintió la necesidad de devolver algo y empezó a trabajar como voluntaria. Lo que empezó como una oportunidad de voluntariado pronto se convirtió en un empleo a tiempo completo como orientadora y con el tiempo fue ascendiendo hasta llegar a ser la encargada del albergue.

Para Nirmala, trabajar con las víctimas de la trata de seres humanos y del abuso de los patrones es muy gratificante y al mismo tiempo desgarrador. Dice que, a menudo, recibe a muchachas que llegan con huesos rotos o daño psicológico.

«Hay tantos casos, es una tarea monumental», dice.

Hay un caso en particular que sobresale. Nirmala recuerda haber recibido en mitad de la noche una llamada de un hospital cercano sobre una muchacha que tenía la espalda fracturada y los brazos rotos. Resulta que el patrón de la muchacha le había destrozado los brazos a martillazos y la había encerrado en el baño. Para escapar, la muchacha saltó desde un balcón en la primera planta.

«La cuidé durante dos meses hasta que se recuperó», recuerda Nirmala. «Quizá tenga unas 100 historias como esa».

Yousra Taleb, directora de programas de Catholic Relief Services (CRS – miembro estadounidense de la Confederación Caritas) en Líbano, trabaja estrechamente con Nirmala. Dice que lo que hace que Nirmala sea tan eficaz es su habilidad para relacionarse con las mujeres a las que atiende.

«Es muy importante para las trabajadoras migrantes, especialmente las mujeres y niñas vulnerables, encontrar a una persona que hable su idioma y que haya estado en sus zapatos», dice Yousra. «Nirmala les da un sentido maternal de seguridad y tranquilidad de que todo va a salir bien».

Nirmala no tiene planes de dimitir o volver a su nativo Sri Lanka pronto. De hecho, dice que ahora está más comprometida que nunca con la causa de ayudar a víctimas del abuso a sobrevivir.

«A decir verdad creo que ahora tengo más energía que cuando empecé», señala Nirmala. «Soy un milagro andante».

«Estoy aquí por algo», explica Nirmala. «Nunca he considerado esto como un trabajo. Yo lo considero una misión».

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