Los hospitales de Venezuela se quedan sin material básico

El viernes, Cáritas Venezuela recibió una petición que se está volviendo cada vez más frecuente: las personas y los hospitales precisan de suministros médicos básicos para llevar a cabo los procedimientos sanitarios rutinarios. Los materiales esenciales, como vendas y medicamentos, e incluso agua destilada para los nebulizadores que se usan en el tratamiento del asma, se han convertido en algo casi imposible de conseguir. El viernes, fue el hospital público el que se quedó sin suero intravenoso. Afortunadamente, Cáritas contaba con algunas bolsas en existencias.

“Por falta de algo tan simple como una bolsa de suero la gente puede morir”, explica la Directora de Cáritas Venezuela, Janeth Márquez. “La Cámara Farmacéutica dice que actualmente hay un déficit del 90 por ciento en medicamentos debido a la escasez de materias primas. Si antes venían 100 personas al mes pidiendo ayuda sanitaria, ahora ese número se ha multiplicado por 100. La gente viene a nosotros pidiendo ayuda para la diabetes, el colesterol y la hipertensión”.

Cuando la crisis comenzó a sacudir la zona y las reservas empezaron a agotarse, Cáritas Venezuela confió en la buena voluntad de las personas para donar cualquier exceso de medicamentos que tuvieran a su alcance.

El petróleo representa un 95 por ciento de los ingresos por exportación de Venezuela y los precios mínimos del mismo han sacudido duramente el país latinoamericano. El Fondo Monetario Internacional calcula que la economía se ha contraído un 10 por ciento y que la creciente inflación, actualmente al 275 por ciento, alcanzará previsiblemente el 720 por ciento a finales de año.

La sequía generalizada agrava aún más estas cuestiones. La precaria situación en la que se encuentra el bajo nivel de la capa freática está deteriorando la red eléctrica, que funciona principalmente con energía hidroeléctrica. Estrictas medidas de ahorro energético han entrado en vigor, entre las que se incluye una semana laboral oficial de dos días para los funcionarios públicos. Los apagones obligatorios que se producen por todo el país paralizan el comercio a diario.

En el caso de las personas en situación de pobreza en Venezuela, esto quiere decir que se encuentran atrapados entre la escasez de suministros y los precios por las nubes de aquellos artículos que pueden encontrarse en el mercado. “Hay algunos medicamentos de los que quizás solíamos tener dos solicitudes y de los que ahora tenemos mil”, dice Márquez.

Cuando la crisis comenzó a sacudir la zona y las reservas empezaron a agotarse, Cáritas Venezuela confió en la buena voluntad de las personas para donar cualquier exceso de medicamentos que tuvieran a su alcance. Estos fármacos fueron redistribuidos entre aquellos que los necesitaban, pero las enfermedades crónicas requieren un tratamiento continuo y la reserva de medicamentos básicos para enfermedades tales como las convulsiones, el colesterol y la hipertensión se ha agotado.

Sin un sistema sanitario que funcione para ayudar a prevenir la propagación de enfermedades, resolver el problema es algo que recae sobre organizaciones como Cáritas. Las enfermedades transmitidas por vectores, como la malaria, la fiebre chikungunya y el virus Zika están aumentando. Se calcula que en Venezuela podría haber hasta 500 000 casos de Zika, un número que se estima que crecerá si no existe la infraestructura sanitaria necesaria para ayudar a detener la propagación.

La correcta higiene se ha convertido en medida de protección esencial para la salud pública. Cáritas ha implantado filtros de agua artesanales para ayudar a las familias a tener acceso a agua potable para su uso diario. La tecnología, tomada de otras organizaciones de Cáritas en África, ayuda a mantener sanas a las familias en una época en la que la gente podría morir a causa de distintas enfermedades que se pueden evitar.

La malnutrición también está aumentando. Recientemente, Cáritas ha tenido que reabrir los comedores sociales para los niños malnutridos. Hace una década, la malnutrición se encontraba en su nivel más bajo, haciendo que los comedores sociales quedaran obsoletos. El aumento del precio de los alimentos, acompañado de la grave escasez de los mismos, está haciendo que las familias tengan que tomar medidas extremas para afrontar la crisis y poder sobrevivir.

Recientemente, Cáritas ha tenido que reabrir los comedores sociales para los niños malnutridos.

“Pagar la cesta de la compra básica cuesta 10 veces más de lo que es el salario mínimo”, explica Márquez. “Los niños se desmayan de hambre en el colegio. El absentismo escolar también está aumentando y los profesores dicen que sus alumnos están distraídos. De 40 estudiantes, 20 no asisten a clase porque no tienen qué comer”.

“Lo más doloroso es pensar que una vez tuvimos bancos de alimentos llenos de existencias y ahora, he de decir, no tenemos nada, ni siquiera 10 Kg para dar a la gente”, afirma Márquez. “Hasta ahora hemos confiado en la tremenda generosidad de las personas. Hombres y mujeres pueden hacer cola en cualquier sitio entre 12 y 24 horas para recibir 2 Kg de arroz o harina. Incluso con esta escasez, la gente traía cosas a la Iglesia, pero este mes, sin embargo, no hemos recibido prácticamente nada”.

Las fábricas locales, que eran uno de los generosos donantes al banco de alimentos de la Iglesia, se están viendo obligadas a cerrar sus instalaciones. La Compañía Coca-Cola acabó recientemente con la producción de su bebida insignia debido a la escasez de azúcar, mientras que Polar, la fábrica local de cerveza, tuvo que cerrar cuatro plantas debido a la falta de cebada – una medida que costó 10 000 puestos de trabajo y que afectó a hasta 300 000 personas.

Muchos venezolanos están eliminando algunas de sus comidas diarias por lo que Cáritas ha elaborado un libro de recetas con sugerencias relativas a cómo estas personas pueden aprovechar al máximo sus despensas y alimentar a sus familias en tiempos de crisis. Mientras tanto, la Iglesia hace lo posible por convencer al gobierno para que abra un corredor humanitario y así poder permitir la entrada de alimentos y suministros médicos – una petición que ha quedado paralizada debido a la reducción de la semana laboral de los funcionarios del gobierno.

Una generación de niños venezolanos está creciendo sin la asistencia médica o nutrición adecuadas. Los primeros mil días de vida, desde el útero hasta los dos años de edad, son críticos en su desarrollo y en el éxito a largo plazo de la persona. “Su calidad de vida se está resintiendo”, dice Márquez respecto a los niños venezolanos. “Esto tendrá repercusiones en el futuro de nuestro país. Es una crisis cuyas consecuencias pagaremos también en el futuro”.

“Como Cáritas tenemos un mensaje”, dice Márquez. “Trabajamos con todo el mundo, sean ateos, católicos, chavistas o miembros de la oposición. Abrimos nuestras puertas, pues, como Iglesia, estamos llamados a ello”.

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