Contrabandeada y traficada: saliendo de Camerún, sobreviviendo en Libia y llegando a Italia

Por Francesco Chiavarini, funcionario de comunicaciones de Caritas Ambrosiana

Debido a la violencia a manos de sus propios parientes, Elvine Kouatchou no vio otra salida que dejar Bafoussam, Camerún, el lugar donde se crio. Sus padres ya han fallecido, pero su abuelo le dejó una buena cantidad de dinero.

Elvine, de 37 años, les pagó 6.000€ a unos traficantes de personas para hacer el arduo recorrido a través del desierto desde Camerún hasta Libia, pasando por Chad, Níger, Mali y Libia. Iba rumbo a Trípoli, en donde una amiga de la familia le había ofrecido darle refugio.

«Viajábamos siempre por la noche y cambiábamos de conductor y de coche en cada frontera. Fue lo mismo durante ocho días», dijo.

Elvine en el Refettorio Ambrosiana en donde está haciendo un cursillo de cocina apoyado por Caritas.

Elvine en el Refettorio Ambrosiana en donde está haciendo un cursillo de cocina apoyado por Caritas. Foto de Setefano Schirato/Caritas Ambrosiana

Cuando llegó a Trípoli se encontró con que la amiga de la familia tenía planes para ella. Le dijo que ella se haría cargo de poner su dinero en el banco y luego le quitó sus papeles y la llevó a una enorme granja en donde la puso a trabajar.

«Traiciono mi confianza. Ella sabía por lo que yo había pasado y realmente pensé que ella me iba a ayudar. Sin embargo, terminé siendo esclava para ella – limpiando la casa a todas horas, cubierta de pies a cabeza porque la mujer y el hombre eran musulmanes. Trabajaba sin recibir ningún dinero a cambio. Sólo me daban pan y leche. Pensé en escapar, pero ¿a dónde? Alrededor no había más que desierto», dijo Elvine

Tras un año, Elvine se enfermó debido al maltrato. En ese momento, la mujer decidió deshacerse de ella. La puso en una carretilla de mano y le pidió a un agricultor que se deshiciera de ella en algún lugar de la playa.

«Tenía fiebre alta y apenas estaba consciente. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado tirada en la playa. Incluso pensé en tirarme al mar, pero rezando encontré fuerzas para no hacerlo», dijo Elvine.

Finalmente, un hombre apareció en la playa.  Él hablaba árabe e inglés, cogió a Elvine y la llevó a una casa en donde había muchos más africanos. Pasó la noche ahí y se encontró esposada. Luego la llevaron como si fuera ganado a una balsa llena de gente.

Al volante de la balsa estaba el mismo hombre que la había rescatado de la playa. Resultó ser un traficante de personas. Elvine no podía entender por qué la llevaba sin que ella tuviera con qué pagarle. Sospechaba que lo hacía para venderla para prostitución.

«Yo seguía sin tener idea de quién era este hombre, por qué me ayudaba o qué quería de mí», dice Elvine.

La marina italiana salió al rescate de la hacinada balsa cerca de la isla italiana de Lampedusa. Esto fue en septiembre de 2015. En octubre, el grupo fue trasladado a Sicilia y luego a Milán, en donde inicialmente la Cruz Roja les brindó asistencia.

En ese momento, a Elvine se le asignó un puesto en la Casa Suraya, un centro operado por la cooperativa Farsi Prossimo de Caritas Ambrosiana (Caritas Milán). Casa Suraya brinda ayuda de emergencia a familias de refugiados. Esto incluye comida, alojamiento, ropa y asistencia legal, burocrática y médica.  Fue a través de Casa Suraya que Elvine obtuvo una visa humanitaria para seis meses.

Ahora Elvine viven en un apartamento con otras tres mujeres africanas en la parroquia milanesa de Santa Maria del Suffragio. Recibe ayuda de Caritas Ambrosiana y a través de ella asiste a un cursillo de cocina. Está a la espera de ver si puede quedarse en Italia o no.

«Todavía no tengo mis papeles y no sé si o cuando los llegaré a tener», dice Elvine. «Todo lo que tengo es mi historia que contar y la fortaleza y la determinación que me trajeron aquí».

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