«¿Cómo va su hambre?» Cosechas fallidas en Zimbabwe

Hola hambre

Historias de Patrick Nicholson. Fotos de Isabel Corthier para Caritas

«¿Cómo va su hambre?» Pregunta Margarita al saludar. Para los zimbabuenses, afectados por la sequía, cosechas fallidas y escasez de alimentos, la respuesta es casi siempre «mal».

Marita, 28, vive en una parte rural del área de Hwange, al este de Zimbabwe. Está cerca de la maravilla salvaje que es el Parque Nacional de Hwange y las Cataratas Victoria, una de las siete maravillas naturales del mundo.

Su aldea, sin embargo, es un mundo alejado de semejante belleza natural. Campos desérticos, riberas secas y caseríos envueltos en nubes de polvo forman el paisaje. Aquí la única maravilla es cómo Marita y su familia logran sobrevivir.

«Si usted no cree en milagros, venga a Zimbabwe. De lo contrario, es difícil saber cómo la gente se las arregla», dijo el Obispo José Alberto Serrano de Hwange, cabeza de la Iglesia católica local.

«El hambre es endémica. Hay unos cuantos bolsones de tienen alimentos, mientras en cualquier otro lado no hay nada. Y la situación está empeorando», dijo.

Zimbabwe ha sido uno de los muchos países del sur de África que se han visto afectados por el fenómeno meteorológico El Niño, que ha provocado patrones climáticos inusuales que han dejado a 21 millones de personas necesitadas de ayuda alimentaria.

La crisis alimentaria empezó en Zimbabwe a principios de año, tras dos cosechas fallidas debido a lluvias escasas o tardías. Desde entonces, las cosas se han deteriorado. El número de hogares rurales sin suficientes alimentes en las áreas más afectadas por la sequía ha aumentado de 30 por ciento en junio a 79 por ciento en agosto.

Más de 4,5 millones de personas necesitarán ayuda alimentaria para finales de año, cuando da inicio la llamada temporada de escasez. «Sin ayuda internacional, la situación será seria, dijo el Obispo. Debido a la crisis económica, burócratas, mineros y otros no cobran su salario.

Por ahora, Marita es la única adulta en la casa familiar. Ella cuida a Thoselihle de 6 años, Anesu de 8, y Methiseli de 17, además de sus dos hijas Brilliant de 7 años y Cute de 6. «Mis hijas se llaman Brilliant y Cute. Al llamarlas así, espero que en eso se conviertan», dijo.

La familia ha sido diezmada por el VIH. Las madres de los otros niños han fallecido. Nunca conocieron a sus padres. Methiseli tiene 17 años, pero su desarrollo es tan atrofiado que parece tener menos de 10 años. Normalmente la abuela anda por ahí, pero ahora está gravemente enferma en el hospital con una enfermedad no vinculada al VIH.

Brillant (7 años) a la izquierda, Cute (6 años) en el centro, Thoselihle (6 años) comen su porción de crema de maiz.Brillant (7 años) a la izquierda, Cute (6 años) en el centro, Thoselihle (6 años) comen su porción de crema de maiz.

Cute (6 años) en su clase. Photo by Isabel CorthierCute (6 años) en su clase.

Brilliant (7 años) limpiando el piso de la clase.
Brilliant (7 años) limpiando el piso de la clase.

«No tenemos comida. Dependemos del gobierno y de bienhechores», dijo Marita.

La sequía y el hambre han afectado a la mayoría de familias rurales en Zimbabwe, por lo que hay menos que compartir con quienes ya viven al límite. El gobierno les está dando a los ancianos 50 kg al mes, así que Marita y los niños se benefician de las raciones de la abuela.

«Para que dure hacemos avena aguada y nos saltamos comidas», dijo Marita. «Yo hago trabajillos como limpiar. Gano 10 dólares al mes. No es suficiente para que la familia sobreviva».

Methiseli no va a la escuela. Ayuda a la familia atrapando ratones. En un día puede atrapar ocho ratones. Los ratones se ponen a secar, lo que ayuda a que sean menos salados para comer. Los niños también recolectan fruta del arbusto camino a la escuela para complementar su dieta.

Marita no se detiene a pensar en el futuro de la familia. «Soy una persona optimista. Uno tiene que quitar el manto de pobreza de su vida. Cuando le hable a la gente de mí, no les diga que soy pobre, dígales que de alguna forma soy rica. Espero que las cosas sean mejores para los niños. Si pueden recibir educación, tendrán un futuro».

Crema de maiz por favor

Los niños van a la cercana escuela primaria de Mbizha, de la que Jabulani Mkwananzi es director.

«En esta época del año uno normalmente ve a los niños con Mahewa, una bebida hecha de maíz y mijo», dice. «El hecho de que no la estén trayendo demuestra que están en apuros. La mayoría de familias no tiene nada qué comer. Han reducido sus comidas de tres a una al día para estirar sus provisiones».

El impacto para la escuela es que los niños o abandonan los estudios o están tan hambrientos que no se pueden concentrar e incluso se desmayan en clase. «Para una escuela de 600 alumnos, uno esperaría que falten unos 25 al día. Ahora faltan 100 al día», dijo. «Durante las clases, en vez de concentrarse en las lecciones, piensan si van a comer ese día».

Nataliah, 11, vive con su abuela. Sus padres viven en las Victoria Falls para buscar trabajo y darle de comer a la familia. «En casa no hay mucha comida», dice. «No he comido desde ayer. «Es difícil concentrarse. Si pudiera tener algo en el mundo sería un poco de maíz, arroz y libros de texto».

Caritas opera un programa de alimentación en la escuela. Voluntarios cocinan una merienda a base de gachas de una mezcla de maíz y soja en grandes ollas y los alumnos hace cola por aula, con el tazón en mano, para recibir lo que podría ser su única comida del día.

«Gracias al programa de alimentación el nivel de asistencia es siempre muy alto», dijo el director. «Podemos tener lecciones vespertinas y actividades deportivas. Cuando les damos de comer a los niños, todos están contentos».

Después de unas cuantas semanas uno nota el cambio en los niños, dicen los maestros. Físicamente se ven mejor, juegan y participan en clase.

«Caritas opera programas de alimentación en siete escuelas de la diócesis para 4.800 alumnos», dijo Edmond Sibanda, Caritas Hwange. «Nuestro mayor desafío es obtener los fondos necesarios. Las siete escuelas que apoyamos tienen mucha suerte. Las necesidades son mucho mayores».

Caritas Internationalis lanzó un llamamiento de emergencia para el país, pero hay un déficit enorme. Únicamente se ha financiado el 42 por ciento de un programa de 1.3€ millones, lo que significa que muchos niños más se tienen que quedar sin nada en un contexto con las peores tasas de desnutrición en 15 años.

Llama a un amigo

«Al menos comí ayer por la mañana», dijo Praise, una chicha de 15 años que vive en Gokwe, otra región de Zimbabwe que padece sequía y una crisis alimentaria. «A veces pasamos días sin comida. Siempre hay una posibilidad de desmayarse en clase. Mis amigos han colapsado por el hambre».

Ya empieza a atardecer y el sol está cayendo. «No habrá comida para todos esta noche», dijo. «Así que me quedaré con hambre».

Su madre, Chimwanda, 41, dijo: «Las cosechas se marchitaron porque no hubo lluvia. Después de eso no podíamos volver a sembrar porque no teníamos semillas. No obtuvimos nada de los campos este año».

Ella se encarga de sus cinco hijos y una prima, Precious, cuya madre se ha ido a Sudáfrica. «Es difícil alimentar otra boca, pero hacemos todo lo que podemos», dijo Chimwanda. «Dependemos de los bienhechores en la comunidad. Cuando no hay comida el día es muy largo».

Sinokukhanya Sibanda, 37, es su vecina. Ella ha sido voluntaria en Caritas por 4 años. «Si veo a una familia batallar le informo a la iglesia acerca de ellos», dice. «El verdadero problema en el área es la falta de agua».

Caritas construyó una fuente de agua más cerca de la aldea como parte de su programa de desarrollo. Caritas también le estará dando dinero en efectivo a las familias más pobres a través de sus teléfonos móviles.

Los hogares de una persona recibirán 10US$, una familia de dos miembros recibe 15US$, una de tres miembros 20US$ y una de 4, 25US$.

Eso les da suficiente para comprar maíz, aceite de cocina, alubias, sal y azúcar para un mes. O pueden utilizar el dinero para necesidades apremiantes como medicinas o colegiaturas.

«Necesito dinero para pagar las colegiaturas para que puedan recibir una educación», dijo Chimwanda. «Es por ello que puedo seguir adelante, obteniendo fuerza de la esperanza de que los niños vivirán una vida menos difícil de la que están viviendo ahora».

Actualmente en Gokwe, Caritas puede llegar a cientos de personas mediante distribuciones de efectivo, pero con la financiación necesaria sería posible llegar a miles.

The children are playing and jumping around their empty grainary. Photo by Isabel Corthier Niños que juegan y saltan alrededor de su granero vacío.

La señora Chimwanda (41 años) lava la ropa. El agua es escasa. La señora Chimwanda (41 años) lava la ropa. El agua es escasa. «Vivimos de los trabajos que mi marido logra encontrar, pero ese trabajo es poco común.

La señora Chimwanda (41 años) con Sinokukhanya Sibanda (37 años), una voluntaria de la comunidad Caritas. La señora Chimwanda (41 años) con Sinokukhanya Sibanda (37 años), una voluntaria de la comunidad Caritas.

Un puñado de polvo

Rubias hebras de maíz, muertas en las horas blancas del día, yacen desparramadas en la tierra calva por el sol. Aquí yacen los restos de la cosecha de Taruvinga Hwami para 2016. «Las mazorcas llegarían hasta arriba», dijo, lamentando su granero vacío, limpio de no ser por unas cuantas calabazas que han visto mejores días.

Abuelo de siete niños que viven con él y su esposa, Janet Shumbayaonda, en el Gokwe rural, el agricultor de 65 años también ha visto mejores tiempos en Zimbabwe, que en una época fue una de las regiones más fértiles de África y ahora es uno de sus casos perdidos.

«Dependemos de las lluvias que llegan en noviembre y diciembre, las de enero simplemente fortalecen las plantas», dijo. Las lluvias de noviembre no llegaron este año y, para enero, ya era demasiado tarde.

«En promedio obtenemos tres toneladas de maíz. Este año sacamos 60-80 kg», dijo.

La mayoría de personas que viven de la tierra en Zimbabwe está batallando con el hambre nacida de la sequía, agudizada por políticas agrícolas fallidas, una economía necesitada de RCP y el adiós de cientos de miles de ciudadanos talentosos que han emigrado a Sudáfrica y otras tierras.

«El poco maíz que tenemos se los damos a los niños», dijo Janet, su esposa. «Si pudiera obtener empleo, trabajaría; pero no hay empleos. Aquí no hay trabajo».

Dos de sus nietos, Shepherd y Tsiti, fueron abandonados por su madre tras la muerte de su padre. Ella no podía criarlos sola y desapareció.
Shepherd es extremadamente delgado. Sus músculos no se desarrollaron. «Brillante y con un talento innato para los números» dicen sus abuelos, es una crueldad adicional que no pueda andar los 6km hasta la escuela. Tener transporte sería un sueño imposible en medio de tanta pobreza.

Así que se queda en casa. «Alimento a mis aves. Tengo nueve en una pequeña pajarera. Es mi momento favorito, el tiempo que paso con mis aves», dijo. «También puedo ayudar a recoger el algodón».

Al igual que muchos en Gokwe, la familia de Shepherd usa el algodón para obtener efectivo para pagar las colegiaturas, las facturas médicas, artículos de hogar y la comida que hace falta.

«En un año normal, obtenemos unos 13 fardos. Cada fardo se vende por unos 80US$. Con ese dinero enviamos a los niños a la escuela y compramos cosas para la casa», dijo Taruvinga Hwami. «Este año o sacaremos ni un fardo completo».

Una sequía inducida por El Niño devastó gran parte de las cosechas de maíz, uno de los cultivos básicos del país, dejando a 4,5 millones en situación de inseguridad alimentaria.

«Uno podía coger una cerilla y prenderle fuego a un campo como ese, así estaba de seco», dijo Edward Hmchu, 74, cacique de unas 30-40 aldeas en el distrito de Gokwe. «Todas las aldeas están padeciendo hambre».

En la década de los años 50, la gente que vive en su área fue obligada por los colonizadores británicos a asentarse en el lugar. Es un área sin un suministro natural de agua, lo que dificulta la agricultura aún en un buen año. 2016 no es uno de ellos.

«La gente no tiene agua ni alimentos. Sobreviven con ayuda de fuera y compartiendo», dijo. «Si vuelven a escasear las lluvias habrá un problema serio».

Ningún país para jóvenes

Stan Mahumucha, 56, y Beauty Hove, 52, viven en una de las aldeas que están bajo su administración. Ellos cuidan a cuatro niños menores de 10 años.

«El gobierno está llevando a cabo un programa de alimentos por trabajo en el que yo me he inscrito», dijo Stan. «Nuestra familia recibe 20kg de maíz al mes. Necesitamos 80kg al mes para sobrevivir». Ellos complementan su alimentación con fruta salvaje del bosque.

«Mi marido tiene problemas de espalda, yo estuve el hospital por un problema del corazón, es muy difícil, pero trabajamos las tierras. «Es bonito tener a nuestros nietos alrededor, pero darles lo que necesitan es un verdadero desafío».

Su hija, Beatrice, y sus hijos están viviendo con ellos ya que su esposo está en Sudáfrica buscando trabajo. «Él dice que no recibe nada, así que no manda nada», dijo Beatrice. La economía de Sudáfrica también está en problemas, la caída Rand ha afectado las remesas a Zimbabwe, un país vinculado al dólar.

«La gente se va de casa en busca de empleo. Eso vuelve a la familia más vulnerable», dijo Jephas Tichapondwa, Encargado de Programas de Caritas Gokwe. «Otras estrategias negativas incluyen los matrimonios tempranos, la prostitución y el bateo del oro, que es ilegal, nocivo para el medioambiente y peligroso».

Caritas ayudará a suplementar los ingresos de las familias pobres en el área. Los hogares de una persona recibirán 10US$, una familia de dos miembros recibe 15US$, una de tres miembros 20US$ y una de 4, 25US$. Eso da suficiente para comprar maíz, aceite de cocina, alubias, sal y azúcar para un mes.

«Uno ve a muchos abuelos cuidando a sus nietos. Están demasiado viejos para trabajar», dijo Jephas Tichapondwa. «Les damos dinero a través de sus teléfonos móviles. Si no tienen discapacidades, el dinero que recibe es por trabajo para la comunidad».

Es parte del llamamiento de emergencia de Caritas Internationalis para Zimbabwe. Sin embargo, un déficit del 60 por ciento implica que no es posible implementar a cabalidad proyectos como este.

Alimento para la mente

«Con lo que tenemos podemos llegar a 300 personas en Gokwe», dijo Jephas Tichapondwa. «Si tuviéramos el dinero que estamos tratando de recaudar, estaríamos dándoles de comer a 7.000 de las 21.000 personas necesitadas aquí».

En Kariyangwe, en el Distrito de Binga, en la diócesis de Hwange, la mayoría de días no se molestan en encender el molino de maíz. «En un período normal recibimos a unas 20 familias al día, pero este año lo más son 4», dijo el P. Philani, el párroco.

En la escuela primaria local, 100 de sus 800 alumnos han abandonado los estudios, 400 no han podido pagar los 10US$ por trimestre de colegiatura y la tasa de aprobación ha caído del 20 al 5 por ciento.

«Los padres creen que si su hijo tiene hambre no lo pueden enviar a la escuela», dijo Michael Siansazi, el director. «El niño sufre mareos, tiene dificultades para participar en las lecciones y a veces se desmaya por la falta de comida».

Onward, 16, es un alumno de la escuela. Adoptado por uno de sus tíos para cuidar el ganado, a menudo se ausenta. Su ropa se sujeta con pedazos de alambre. Surprise, 10, vive con su abuela. Sobreviven vendiendo frutas salvajes. Arms tiene 15 años y es otro huérfano que vive con sus abuelos. Todos ellos son vulnerables, pero cada uno tiene su propio daño. Tristemente, sus historias son comunes.

Los tres y todos los alumnos de la escuela se benefician de un programa de alimentación de Caritas que le da a cada uno de ellos 0,15 kg de una mezcla de maíz y soja. «Queremos darles energía a los niños para que puedan hacer su tarea. El programa de alimentación mejora el nivel de asistencia y la tasa de aprobación, dijo Michael Siansazi, el director.

Los cocineros son voluntarios provenientes de las aldeas locales. «Estamos aquí como voluntarios porque queremos ayudar a nuestros niños. Somos parte de la comunidad y esto apoya a nuestra comunidad», dijo Janet Mutenda, una de las cocineras. «Si cocinamos para nuestros niños, ellos crecen bien y, con el tiempo, mejorarán la comunidad».

El Arzobispo Alex Thomas Kaliyanil de Bulawayo, Presidente de Caritas Zimbabwe, dice que la labor de emergencia de Caritas es crucial para complementar su programación para el desarrollo a largo plazo, eso incluyen construir represas, sistemas de irrigación y educación sobre cultivos resistentes a la sequía.

«Los zimbabuenses son gente muy trabajadora, pero si no llueve las cosechas fracasarán», dijo el Arzobispo. «Necesitamos desarrollo agrícola y conservación del agua para un futuro a largo plazo».

Surprise (10) en la fila para conseguir comida. Surprise (10) en la fila para conseguir comida.

Director: Director: «A los niños les gusta el sabor y es muy saludable para ellos, lo piden cuando llegan de la escuela.»

Caritas nos ayuda con 150 kg. al día de la mezcla de maíz y soya. Caritas nos ayuda con 150 kg. al día de la mezcla de maíz y soya.

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