La Iglesia presta ayuda mientras el hambre se apodera de Sudán del Sur

“La gente no puede permitirse comprar alimentos, no puede cultivar y las agencias humanitarias no pueden proporcionarles la cantidad de comida necesaria para que se mantengan con vida”; explica Sebastian Kämpf, que colabora con Caritas en Wau, Sudán del Sur. “Las personas ya están muriendo, y lo peor está por venir”.

En febrero, Naciones Unidas declaró oficialmente en algunas partes de Sudán del Sur la primera crisis de hambre de los últimos 6 años, una crisis que afecta a más de 100 000 personas. Incluso en los lugares en los que no se ha declarado esta situación, la gente muere a causa de  enfermedades relacionadas con el hambre. Alrededor de 5,5 millones de personas en Sudán del Sur se enfrentan al hambre extrema y 7,5 millones necesitan ayuda y protección humanitarias.

El hambre se deja ver claramente en los niños, en sus cuerpos hinchados. Más de un cuarto de millón de ellos será víctimas de malnutrición grave este año. “No es como un terremoto, que mata a muchas personas en un día”, explica Kämp, “es una muerte lenta, pues el cuerpo se va volviendo menos capaz de resistir las enfermedades”.

Jennifer Angel, de dos años, comiendo los últimos alimentos que le quedan a su familia, en un campamento de más de 5.000 desplazados de Riimenze, en el estado de Gbudwe, Sudán del Sur, que antes era Ecuatoria Occidental.

Jennifer Angel, de dos años, comiendo los últimos alimentos que le quedan a su familia, en un campamento de más de 5.000 desplazados de Riimenze, en el estado de Gbudwe, Sudán del Sur, que antes era Ecuatoria Occidental. Foto de Paul Jeffrey / Caritas

Tras décadas de guerra, Sudán del Sur obtuvo la independencia de Sudán en 2011. Había entonces grandes esperanzas para el país. Sin embargo, la rivalidad entre el presidente, Salva Kiir, perteneciente a la tribu Dinka, y su entonces vicepresidente, Riek Machar, que es Nuer, sumió al país en la violencia étnica a finales de 2013. La reanudación del conflicto desde mediados de 2016 ha provocado una catástrofe de proporciones bíblicas.

En Wau, estallaron combates entre las fuerzas del gobierno y los grupos de la oposición, dejando más de 400 víctimas mortales y obligando a 120 000 habitantes a abandonar sus hogares. “Muchos vienen al complejo católico”, dice Kämp. “En el punto álgido de la crisis había 25 000 personas en estas instalaciones”.

El Padre Moses Peter, coordinador de emergencias de la Caritas diocesana, se ha convertido en el director del campamento. “Tuvimos un excedente de alimentos en un proyecto de malnutrición infantil que sigue en curso y hemos empleado este excedente para alimentar a las familias que están en el campamento”, explica.

“Luego, cuando fue seguro para las agencias humanitarias internacionales, actuamos como punto de coordinación para mejorar las condiciones, construir letrinas, crear un espacio para los niños y mejorar el alojamiento. Cuando la gente iba llegando podíamos ofrecerles refugio, agua y comida”.

Se siguen produciendo enfrentamientos de forma regular, y cada ataque obliga  a más personas a huir de sus hogares. El peor tuvo lugar en abril, cuando dos generales del ejército fueron asesinados, lo cual desató una ola de asesinatos en Wau por parte de las tropas del gobierno.

Las cosas se han calmado desde la introducción de una fuerza de seguridad multitribal, pero muchos no volverán a casa. Actualmente hay 13 000 personas viviendo en cuatro complejos diferentes. En el principal hay 7000 y en los otros alrededor de 2000 en cada uno.

“Un elevado número de personas prefiere permanecer en las instalaciones de la Iglesia o con Naciones Unidas. Además de la seguridad, si hay alguien de la familia en las instalaciones todos en dicha familia pueden obtener raciones de alimentos”, dice el Padre Peter.

Algunas personas despertando por la mañana, tras dormir a la intemperie, en un campamento de 5.000 desplazados internos, en un recinto de la Iglesia Episcopal de Wau, Sudán del Sur.

Algunas personas despertando por la mañana, tras dormir a la intemperie, en un campamento de 5.000 desplazados internos, en un recinto de la Iglesia Episcopal de Wau, Sudán del Sur. Foto de Paul Jeffrey / Caritas

Los que viven dentro de las instalaciones solo reciben medias raciones del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas. “Sigues perdiendo peso, pero te mantiene vivo”, dice Kämp. La financiación para la respuesta humanitaria en Sudán del Sur es de solo el 14 por ciento, aproximadamente, lo cual hace que las agencias humanitarias se vean obligadas a reducir las raciones.

La falta de ley y orden también hace que enormes franjas del área rural no sean atendidas. “No sabemos cómo es la situación es esas zonas, pero imaginamos que es mucho peor”, afirma Kämpf.

Entre los que huyeron y han regresado se encuentran los voluntarios de la Iglesia. Antes de la actual crisis, ayudaban a las personas extremadamente pobres, a los discapacitados y a los ancianos.

“Cuando los voluntarios consiguieron regresar del monte, continuaron su labor con los discapacitados donde la habían dejado”, cuenta Kämp. “Por ejemplo, para una persona discapacitada es difícil moler el maíz, un agotador trabajo de dos horas que se realiza con piedras, así que los voluntarios ayudan a preparar las comidas”.

Sudán del Sur es el país más peligroso para los trabajadores humanitarios, y también uno de los más caros. Según estudios de Caritas Internationalis, aportados por los miembros, implementar proyectos en Sudán del Sur es casi 12 veces más caro, por beneficiario, que en Kenia.

Una familia compartiendo una comida, dentro de su refugio, en un campamento de más de 12.000 desplazados internos, ubicado en terrenos de la catedral católica de Santa María en Wau, Sudán del Sur.

Una familia compartiendo una comida, dentro de su refugio, en un campamento de más de 12.000 desplazados internos, ubicado en terrenos de la catedral católica de Santa María en Wau, Sudán del Sur. Foto de Paul Jeffrey / Caritas

Las carreteras, profundamente subdesarrolladas y mal mantenidas, hacen que el 60 por ciento del país sea inaccesible por tierra durante la estación de lluvias. La inseguridad y las malas vías dificultan el transporte de alimentos en camiones hacia Wau, así como la posibilidad de obtener dichos alimentos en la ciudad para llevarlos luego a las zonas rurales.

“La producción de cereales el pasado año alcanzó el nivel más bajo desde que empezara el conflicto. El precio de los alimentos se ha disparado debido a la falta de disponibilidad. La caída de la libra sursudanesa ha producido una crisis económica, por lo que las personas no pueden comprar alimentos, y tampoco pueden ir a los campos sin que las maten”, dice Kämp. “La gente está comiendo hojas, bayas y hierba”.

Más de 1.8 millones de personas en total han salido de Sudán del Sur, originando la crisis de refugiados de más rápido crecimiento de todo el mundo.

El conflicto en Sudán del Sur sigue fragmentando con una gran imprevisibilidad. Los pronósticos de paz siguen siendo desalentadores a pesar de la reanudación de los esfuerzos internacionales de mediación. El Papa Francisco canceló un viaje a Sudán del Sur porque los progresos de los protagonistas de la guerra civil siguen en punto muerto.

“La gente de Sudán del Sur solo quiere la paz. Queremos que esta guerra termine”, afirma el Padre Peter.

Una mujer bailando con otros participantes, durante un taller de curación de traumas, patrocinado por la iglesia.

Una mujer bailando con otros participantes, durante un taller de curación de traumas, patrocinado por la iglesia. Foto de Paul Jeffrey / Caritas

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