Cubriendo una carencia en la situación de los refugiados burundeses en Ruanda

“Habría muerto durante la noche y me habría quedado seca como un trozo de madera”. Mbarushimana Honorata es una refugiada burundesa que vive en el campamento de Mahama, en Ruanda. Como muchos burundeses del campamento, la anciana de 84 años tenía problemas con la comida que le daba Naciones Unidas. El grano y las legumbres que recibían eran difíciles de moler, había que tener dientes fuertes para comerlas y, además, estos alimentos pueden resultar muy duros para el estómago. “Fue entonces cuando Caritas intervino y me salvó de la muerte”, explica.

Desde que empezara su labor en el campamento en 2015, Caritas Ruanda ha detectado una carencia en la ayuda humanitaria para los refugiados burundeses: los sectores más vulnerables de la población de refugiados necesitan un apoyo alimentario específico.

El personal de Caritas distribuyó entonces harina enriquecida SOSOMA (con sorgo, soja y maíz). Le dieron la harina a madres lactantes, a personas mayores de 60 años y a discapacitados físicos. También ofrecieron raciones de alimentos ya cocinados a pacientes hospitalizados. “Para mí, Caritas es mi salvadora”, dice Honorata.

The Mahama Refugee camp in Kirke district, Eastern Rwanda houses over 80,000 Burundian refugees. Photo: Alan Whelan/Trócaire.

Mahama es un campamento de refugiados en expansión que está ubicado en la Ruanda oriental. Creado en 2015, acoge a más de 50 000 refugiados burundeses que huyen de los disturbios. La crisis de Burundi se desencadenó por la decisión del presidente Pierre Nkurunziza de presentarse a un controvertido tercer mandato. Desde entonces, más de 400 000 refugiados han huido, una quinta parte de ellos a Ruanda.

Caritas Ruanda, con el apoyo de Trócaire y la red mundial de Caritas, empezó a ayudar a los refugiados en junio de 2015, ofreciendo apoyo psicológico y asistencia alimentaria a los ancianos, los discapacitados físicos y mentales, los enfermos crónicos y las mujeres lactantes.

El proyecto inicial de SOSOMA se dirigió a casi 4000 personas. Su éxito condujo a otro proyecto a corto plazo cuyo objetivo era repartir harina enriquecida a un mayor número de refugiados. Caritas utilizó además su red de parroquias para abordar otra necesidad crítica – la ropa, el calzado y los artículos de higiene personal para las mujeres. El personal de Caritas distribuyó

14 900 pares de ropa interior a mujeres y niñas de entre 12 y 59 años.

Hadidja Mukanukezi, 38, is living with HIV and the food she receives from Caritas is crucial to her remaining healthy.
Photo: Alan Whelan/Trócaire

Por el momento el regreso a Burundi no se contempla, por lo que la crisis de refugiados continúa. Las encuestas revelan que los refugiados no están listos para volver a casa. La construcción de alojamientos semipermanentes en el campamento de Mahama es una señal de que los refugiados se quedarán durante algún tiempo. Los esfuerzos por hacer que estas personas consigan ser independientes y autosuficientes son ahora claves.

Dada la actual situación, la intervención de Caritas durante los últimos años se ha centrado más en los efectos a largo plazo, promoviendo habilidades necesarias para vivir en el campamento, la agricultura a pequeña escala y actividades que generen pequeños ingresos, para fortalecer así los medios de sustento de los refugiados.

Las nuevas actividades se han centrado en: formación para la construcción de la paz y la coexistencia pacífica, asesoramiento, protección contra el acoso para mujeres que viven solas, planes de ahorro y de desarrollo de créditos, y la creación de huertos para el consumo familiar, pero también para producir productos destinados a la venta, con el objetivo de que se generen ingresos en los hogares gestionados por mujeres. Las verduras también pueden venderse a Caritas Ruanda, donde se dan a enfermos crónicos que necesitan alimentos frescos. Como la Sra. Honorata dice, en este campamento los que viven en condiciones normales son aquellos que tienen un trabajo o pueden arreglárselas para encontrar un suplemento.

A pesar del descenso en la financiación general, Caritas Ruanda sigue comprometida para asegurar que los más vulnerables puedan mejorar sus condiciones de vida en el campamento.

Caritas Rwanda’s volunteer group is made up of Burundians living in the camp. They help with food distribution. They are also key to Caritas Rwanda’s psycho-social support. Photo: Alan Whelan/Trócaire.

En Burundi, la sequía se suma al sufrimiento. Jeannette Nahimana, de 40 años, apenas puede dar de comer a sus dos niños pequeños. La ayuda alimentaria que recibió de Caritas Burundi casi se le ha terminado y sus hijos tendrán que ponerse a pedir limosna.

La familia de Jeannette es una de las miles de familias burundesas que viven en condiciones deplorables debido a la extrema pobreza, el cambio climático y la inestabilidad política. Las provincias de Kirundo, en la diócesis de Muyinga, y Cibitoke en la diócesis de Bubanza, en el noreste de Burundi, han sido las más afectadas.

En 2016, Caritas Burundi envió un llamamiento de emergencia a la confederación de Caritas para ayudar a las víctimas de la escasez de alimentos. Se movilizaron más de 300 000 euros. Se distribuyeron cupones y la familia de Jeannette compró alubias, arroz, harina y aceite; ella pudo dar de comer a su familia y también colocó paja en el tejado de su chabola.

Jeanette no tiene tierras, su marido las vendió antes de abandonarlos; se fue a causa de la crisis de alimentos. Ella busca trabajo y a veces trabaja una vez a la semana, ganando dos dólares por semana, pero es difícil conseguir trabajo todos los días.

La vida en Burundi no está mejorando y la crisis de refugiados parece que ha llegado para quedarse.

 

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