Se corre el riesgo de dejar atrás a migrantes y refugiados

Caritas y los Pactos Mundiales sobre Migrantes y Refugiados

Responder al movimiento de desplazados a través de la cooperación internacional y la responsabilidad compartida es uno de los desafíos más complejos de nuestra generación. Con la Declaración de Nueva York, adoptada por sus Estados Miembros en septiembre de 2016, Naciones Unidas definió planes para crear una colaboración más humana y eficaz en materia de migración y refugiados. Este fue el punto de partida de las negociaciones para dos pactos, el Pacto sobre una Migración Segura, Ordenada y Regular, y el Pacto sobre Refugiados, los cuales se adoptarán en 2018.

Un grupo de refugiados rohingya se ayudan mutuamente a descender a tierra en la península de Teknaf, Bangladesh, tras haber cruzado el río Naf desde Myanmar la noche anterior. Foto de Aurélie Marrier d’Unienville/Caritas

El Papa Francisco ha señalado nuestra responsabilidad compartida de acoger, proteger, promover e integrar a migrantes y refugiados en todas las etapas de su recorrido mediante los Veinte puntos de acción para los pactos mundiales. En conjunto, los futuros pactos ofrecen una oportunidad única para mejorar las vidas de personas en tránsito. Estos podrían proporcionar un marco de políticas para garantizar rutas seguras y legales para personas que emigran, mayor protección – especialmente para refugiados, sociedades inclusivas y el derecho a permanecer en el lugar de origen. Se espera que el resultado exitoso de las negociaciones internacionales les dará acceso universal a migrantes y refugiados a los derechos humanos internacionales.

Se corre el riesgo de dejar atrás a migrantes y refugiados

Caritas Internationalis elogia firmemente los esfuerzos para crear una respuesta colectiva internacional al gran desplazamiento de migrantes y refugiados, para crear mayor igualdad en los países y apoyar a migrantes y refugiados para que puedan vivir con seguridad y dignidad. Dejar pasar esta oportunidad sería una acusación condenatoria en contra de la comunidad internacional. Lamentablemente, la realidad actual es que los migrantes y los refugiados se están quedando atrás.

Cuando refugiados y migrantes se ven obligados a desplazarse por conflicto, violencia, desastres ambientales o falta de oportunidades para su desarrollo humano integral, la respuesta no es construir muros, sino tender puentes.  En vez de solidaridad, naciones poderosas están cerrando y externalizando sus fronteras transfiriendo la gestión de estas a terceros países a cambio de ayuda para el desarrollo. En todo el mundo, se está dejando a países vecinos a aquellos países en guerra la responsabilidad de hacerle frente a grandes cantidades de refugiados. Los pactos mundiales deben desafiar ese estatus quo.

Los pactos mundiales no deberían imponer obligaciones adicionales a los países que acogen a refugiados ni a los países de origen, sino que deberían establecer mecanismos iguales y efectivos para compartir responsabilidades. Debe haber compromisos genuinos para traducir en acciones concretas las intenciones establecidas en la Declaración de Nueva York.

Es muy posible que, en los próximos años, el impacto del cambio climático sobre sociedades vulnerables provoque más migración. Los pactos deben reconocer los riesgos vinculados al cambio climático y brindar protección específica para aquellos que son desplazados por sus impactos.  No hacerlo sería corto de miras.

Los compactos se deben comprometer a ampliar las rutas legales para migrantes y refugiados, incluyendo reasentamiento, corredores humanitarios, movilidad laboral y reunificación familiar para garantizar que se puedan mover con seguridad y dignidad y que no caigan presa de contrabandistas y traficantes de personas.

El principio de no devolución establece que nadie debería ser enviado de vuelta a su país si teme por su vida en el mismo. Caritas pide que la no devolución se incluya en ambos pactos (actualmente ninguno reafirma el principio). Sin esto, refugiados y migrantes tendrán una espada de Damocles pendiendo sobre sus cabezas, ya que corren el riesgo de que se les envíe de vuelta a lugares en donde estarán en peligro.

Los pactos mundiales corren el riesgo de fallarles a los niños migrantes si estos pueden seguir siendo detenidos por su situación legal o la de sus padres. Los estados deben tratar a los niños en tránsito, ante todo, como niños y protegerlos de conformidad con sus derechos como niños – nunca deben ser detenidos o deportados.

Categorizar a migrantes o refugiados como regulares, irregulares o refugiados no pone en primer lugar sus derechos humanos o su dignidad humana, especialmente dado que les impide el acceso a educación, justicia, servicios sociales, atención médica y vivienda. De acuerdo con los pactos, el acceso a servicios esenciales es fundamental, independientemente de la situación migratoria.

Los migrantes son reacios a denunciar abusos y violaciones de derechos humanos a los servicios sociales, como proveedores de atención médica o educación, cuando dichos proveedores están obligados a informar a las autoridades de migración. Se deben establecer barreras para evitar esto.

Compartiendo el Viaje

Miembros de Caritas Internationalis trabajan en la atención y acompañamiento de personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Mediante la incidencia y el servicio, nuestra labor incluye combatir las causas fundamentales de la migración forzosa, brindando apoyo humanitario a migrantes y refugiados, buscando el desarrollo humano integral e interactuando con comunidades de base para brindar protección y soluciones sostenibles a través de la integración local, la repatriación voluntaria y el reasentamiento.

El Papa Francisco dijo: «Con nuestro compromiso diarios, ustedes nos recuerdan que Cristo nos pide que acojamos con los brazos abiertos a nuestras hermanas y hermanos refugiados». #sharejourney. Foto de Setefano Schirato/Caritas

En 2017, Caritas lanzó la campaña de concienciación Compartiendo el Viaje. La campaña promueve un esfuerzo de las organizaciones Caritas a nivel mundial para crear mayores espacios y oportunidades para descubrir más sobre los migrantes y refugiados y unirse en experiencias e iniciativas compartidas. La campaña surgió a raíz de los reiterados llamamientos del Papa Francisco a promover la «cultura de encuentro», que enfatiza la importancia de entablar relaciones sólidas en las comunidades y hacerle frente a los cada vez mayores desafíos de nuestro mundo con esfuerzos unificados, en vez de con esfuerzos individualistas.