El miedo, la fe y el ébola

por Harriet Paterson. Fotos de Tommy Trenchard

Atrapados por una epidemia de ébola, mientras ya estaban acosados por las milicias, los habitantes de la región oriental de la República Democrática del Congo se enfrentan a la muerte por todas partes. Caritas está a su lado. Les ayuda a salvar sus vidas y les lleva la esperanza. Los supervivientes, los voluntarios y los cooperantes de Caritas, que están respondiendo a la emergencia, cuentan sus historias.

«La Iglesia siempre está cerca, en tiempos difíciles. La gente escucha a la Iglesia».

En una humilde iglesia de madera, en un bosque congoleño, el P. Michel Kabongenaye está dando uno de los sermones más importantes de su vida. Les está diciendo a sus feligreses cómo protegerse del ébola.

La parroquia de Cristo Rey, de Mambasa, en la República Democrática del Congo (RDC), se ha visto duramente azotada por la epidemia. El P. Michel está en una misión de esperanza, contra el miedo y el estigma.

«El ébola está amenazando nuestros hogares y debemos detenerlo», dice él a su feligreses. «Cerrad los oídos a los rumores. Estamos a vuestro lado y queremos ayudar».

El P. Michel recibió adiestramiento sobre el ébola por parte de Caritas, junto con cientos de otros sacerdotes y líderes religiosos locales, catequistas, voluntarios y jefes de comunidad. Le pasa el micrófono a Emmanuel Bofoe, de Caritas Congo, que da mensajes sobre salud y explica cómo y cuándo obtener ayuda. Él está tranquilo y habla claro. El ritmo de los nuevos casos está disminuyendo por ahora, pero el virus puede atacar de nuevo en cualquier momento.

Al entrar y salir de misa, todos se lavan las manos minuciosamente, en unas instalaciones de Caritas para este fin. «Ahora sé cómo evitar el ébola. Tengo miedo, pero al menos estoy preparado para cuando llegue el ébola», dice el feligrés Aleko.

Abbé Michel Kabongenaje

El P. Michel Kabongenaje dirigiéndose a la parroquia de la localidad de Mambasa, en la RDC. Foto de Tommy Trenchard / Caritas

Llevar consuelo y esperanza a las comunidades desgarradas por la crisis.

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A Caritas team distributes food to people affected by Ebola outside a church in the town of Marabo, DRC.
Kambale Kamatosha Serge, 20, holds a photograph of his brother, Jackson, who lost his life to the ebola epidemic in April 2019.
An Ebola worker is sprayed down with chlorine on leaving the red zone in a Caritas-supported Ebola treatment center in Mangina, DRC.

Caritas en la vanguardia contra el ébola

El actual brote de ébola, en la RDC, comenzó el 1 de agosto de 2018, en la diócesis de Beni-Butembo, a lo largo de la frontera con Uganda, un territorio complejo y lleno de tensiones, a causa del conflicto.

2,207

Número de muertos al 17 de diciembre de 2019

56 por ciento

La tasa de mortalidad de los casos

29 por ciento

Porcentaje de niños entre los muertos

Emmanuel Bofoe y los equipos locales de Caritas visitan diariamente la zona del ébola, enseñando prevención, apoyando a los supervivientes y a los afligidos, distribuyendo alimentos y artículos para el hogar, y montando instalaciones para el lavado de manos.

«La gente confía en Caritas y en la Iglesia porque siempre hemos estado aquí», dice Emmanuel. «Trabajar en Caritas significa tener una vocación más allá del aspecto profesional. Significa dedicar la vida al servicio de los más vulnerables, sin temor a los riesgos, enfrentándonos al peligro con la fe».

Las organizaciones religiosas fuertes como Caritas son fundamentales para responder al ébola, en la RDC, donde las instituciones gubernamentales están ampliamente desacreditadas. Durante la epidemia de África occidental, entre 2014-16, cuando murieron más de 11.000 personas, la tasa de mortalidad se redujo drásticamente cuando las instituciones religiosas empezaron a participar más en la respuesta.

«La Iglesia católica incluye a más del 70% de la población de la RDC», explica Emmanuel. «Cuenta con poderosos canales de comunicación, a través de las parroquias, escuelas, clínicas y estaciones de radio». En total, la red de Caritas alcanza a unos 1,3 millones de personas directamente y 5,8 millones indirectamente, con un gasto total de más de 5 millones de dólares, desde el comienzo de la crisis.

«Al compartir sus sufrimientos, me siento lleno de nuevas energías
para proteger la vida frente a la epidemia».

LA SUPERVIVIENTE

«Están esperando que les llegue la muerte. Tal vez sea mañana… o al día siguiente».

Kahindo perdió a diez miembros de su familia a causa del ébola, empezando por su madre. La propia Kahindo estaba enferma y aterrorizada.

«Cuando mi madre murió, toda la familia tenía síntomas y los asistentes sanitarios nos llevaron a todos al centro del ébola» recuerda. “Yo tenía mucho miedo. Todos tenían miedo. Más de 20 personas morían cada noche». Esta epidemia, la segunda peor de la historia, ha matado a más de la mitad de los contagiados.

«No sé por qué yo conseguí sobrevivir y los demás no», dice con perplejidad. Afortunadamente, todos sus hijos escaparon.

La vida después del ébola

Débil y afligida, Kahindo regresó a casa, para encontrar que sus vecinos y sus familiares la evitaban. «Me veía abandonada», dice. «Dentro de mí me sentía tan sola…».

Kahindo says food supplies from Caritas have saved her family.

Kahindo dice que los suministros de alimentos de Caritas han salvado a su familia. Foto de Tommy Trenchard/Caritas

Luego llegaron los cooperantes de Caritas y explicaron amablemente a su familia que ya no era contagiosa. Establecieron un suministro mensual de arroz, frijoles, aceite y sal.

«Sin esa ayuda ya estaríamos muertos», murmura Kahindo. Ahora ella ayuda en una guardería financiada por Caritas, donde los hijos de pacientes con ébola son vacunados y seguidos durante 21 días, dándoles buenas posibilidades de supervivencia. Yo quería devolverle el favor a la gente que me cuidó», explica.

Trabajar con los niños es tan importante para ella como para ellos, eso le da mayor sentido a su labor y la ayuda en su propio proceso de curación.

Ayuden a personas como Kahindo, que sufren por una emergencia.

Caritas staff prepare sacks of food for people affected by Ebola in Beni, DRC.
Anita Promesse, 19, collects food from Caritas in the Ebola-hit town of Mambasa, DRC. Promesse's family has been short of money and food since the epidemic hit local markets.
Kahindo Alima, 34, who comes from a neighbourhood affected by Ebola, collects food from Caritas at a distribution centre in Beni, DRC.
Caritas staff prepare sacks of food for people affected by Ebola in Beni, DRC.

EL JOVEN VOLUNTARIO

«Cuando quemaron el centro de tratamiento local, tuvimos mucho miedo. Pero no queríamos dejar de trabajar».

El trabajo contra el ébola es peligroso a todos los niveles. El estigma respecto al ébola es un gran obstáculo para erradicar la epidemia. Muchos no creen que el virus exista; abundan los rumores de brujería.

Ha habido casi 400 ataques a instalaciones de salud en 2019. Recientemente, dos centros de tratamiento del ébola, en Biakato y Mangina, así como Radio Mungumba, en Komanda, apoyada por Caritas, fueron atacados y seis personas resultaron muertas. Mientras tanto, la población civil ha soportado 25 años de un conflicto infernal, entre múltiples milicias y el ejército. No es de extrañar la actual falta de confianza, cuando ya han tocado fondo.

Corazones y mentes

Con este telón de fondo, la confianza tiene que empezar desde dentro de la comunidad. Mathe, jefe de un grupo de jóvenes de Katwa, Kivu Norte, fue testigo de sufrimientos, desde el epicentro del brote. «Nadie puede imaginar lo que vi y tuve que vivir durante ese tiempo. Todavía me duele recordar el pasado», nos cuenta.

Sabía que tenía que dar un paso adelante. Asistió a la formación de Caritas, que anima a los formadores de opinión locales a movilizar sus redes: desde imanes y sacerdotes, hasta peluqueros y taxistas.

Ebola workers prepare to enter the red zone at an Ebola treatment center in Mangina, DRC.

Foto de Tommy Trenchard/Caritas

Su grupo comenzó a divulgar datos sobre el ébola, mediante mensajes de texto. Atrapados por el miedo y la sospecha, la gente era muy hostil. «Me veían como un hechicero y un enemigo, porque estaba sensibilizando a la gente sobre el ébola», explica Mathe.

Katwa entró en cuarentena con equipos sanitarios externos. Caritas tuvo que pasar dinero en efectivo, a través de la población local para proporcionar artículos esenciales para la higiene. La gente enterraba secretamente los cuerpos de sus familiares, al amparo de la noche, contagiándose ellos mismos.

«Al principio, la gente no tenía miedo de la enfermedad, sólo tenían miedo de los equipos de asistencia sanitaria».

Pero el grupo de Mathe persistió. «Les dijimos que el ébola era real y cómo detenerlo. La gente confiaba en nosotros y sentimos una gran responsabilidad. Ahora confían en nosotros, y eso me hace muy feliz».

Gracias a sus lazos con la Iglesia, Caritas fue la primera organización humanitaria aceptada en la ciudad. Se reforzó la mensajería pública y se montaron instalaciones para el lavado de manos. Otros profesionales sanitarios se unieron a nosotros.

El número de nuevos casos en Katwa ha bajado hoy hasta cero. Los niños ríen y juegan, mientras vuelven a casa después de la escuela. «Estoy muy contento porque Caritas nos ha apoyado para hacer todo esto», dice Mathe.

Mientras se enfrentan a sus propios temores, voluntarios como Mathe, junto con el personal de Caritas y la Iglesia, están al lado de la gente, ante la epidemia y el conflicto. Ofrecen ayuda práctica, consuelo a los afligidos y esperanza para el futuro. El ébola sigue siendo una amenaza mortal, pero la sufrida población de la RDC está descubriendo cómo afrontarla juntos.

Por favor, recen por los afectados del ébola y todos los que trabajan para protegerlos.

Ebola survivor Kahambo Kiavero Fazero, 38, looks after the child of an Ebola patient at a Caritas-supported nursery in Mangina, DRC.
People pray before mass at a church service in the Ebola-hit town of Mambasa, DRC.
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Señor Jesús,
cuando caminabas entre nosotros en la Tierra,
Tú difundías tu poder de curación.

Confiamos en tus misericordiosos cuidados
a nuestra gente afectada por el ébola,
en un país ya plagado por la guerra.

Desde los bosques del miedo y la muerte,
te imploramos que mantengas fuerte
nuestra fe, esperanza y amor.

Trae alivio a nuestros enfermos,
consuela a los afligidos,
protege a quienes nos cuidan.

Dirigimos nuestras oraciones a ti, Señor,
y confiamos en tu infinita misericordia,
mientras esperamos que despunte la aurora.
Amén.