COVID-19 en Perú: solidaridad y signo de esperanza

Por Aloysius John

«La esperanza abre nuevos horizontes, nos hace capaces de soñar aquello que no es ni siquiera imaginable.» -Papa FRANCISCO

La pandemia ha dado la vuelta al mundo y ha llegado a América Latina, donde cientos de miles de personas están potencialmente en peligro. En estos momentos, mientras celebramos el quinto aniversario de la Laudato si’, la defensa de la creación y la salvación de vidas se han convertido en prioridades. En el Perú, ya afectado por la crisis económica y social, el impacto del virus es un nuevo azote para los más pobres.

A pesar de que el presidente decretó el confinamiento a mediados de marzo, cuando se registraban menos de 100 casos, el Perú tiene actualmente la segunda tasa de contagio per cápita más alta del mundo de nuevas infecciones de la COVID-19 al día. Actualmente tiene la segunda tasa de mortalidad más alta de América Latina, después de Brasil.

Quedarse en casa ha sido una estrategia clave para muchos países, en la contención de la propagación del coronavirus. Sin embargo, casi un 70 por ciento de los peruanos pobres trabaja sin contrato, no tiene acceso a la atención sanitaria básica, ni a redes de la seguridad social, que les permitan cobrar cuando no trabajen. Para esas personas, salir de casa es la única opción, si quieren ganar algo para comprar comida y sobrevivir.

El 22 de mayo, el epicentro de la COVID19 en Perú era la región de Piura, en el norte del país: «Estamos con el gran problema de la pandemia que está afectando a todo el mundo y que está golpeando duramente a las regiones de Piura y Chulucanas. El sistema hospitalario se ha colapsado, debido a una demanda demasiado repentina y ya no puede recibir más pacientes. Nos encontramos con que no hay oxígeno, son momentos desesperados y angustiosos, la gente necesita oxígeno y no hay nada. La gran noticia de hoy es que en las farmacias ya no hay medicamentos y la gente los necesita urgentemente», dice Monseñor Daniel Turley Murphy, OSA.

Este es el grito de alarma de la Iglesia local, tenemos que actuar para conseguir ayuda antes de que sea demasiado tarde. Debemos, como dijo el Papa Francisco, ahora: «Abrir nuestros corazones a la esperanza». ¿Cómo puede nuestra capacidad de soñar con lo inimaginable afectar a los que sufren en América Latina y ayudarnos a acompañarlos en estos momentos de prueba y tribulaciones? Necesitan nuestra solidaridad y la de ustedes. Tenemos que unir nuestras manos, como un signo de esperanza, que es posible si tenemos abierto nuestro corazón.

Caritas Perú ha lanzado la campaña «Ayúdanos a ayudar». Ya en primera línea, enfrentando todos los peligros y dificultades, Caritas Perú ha distribuido hasta ahora ayuda a las comunidades indígenas que sufren de pobreza, injusticia, exclusión y opresión. Más de 1.600 familias han recibido asistencia. Las comunidades en lugares de difícil acceso recibieron ayuda con la distribución de alimentos. A finales de mayo, Caritas Perú ya había ayudado a 198.000 familias de todo el país, pero sus medios son muy limitados y dependen de la ayuda internacional.
Cuando los cooperantes de Caritas se preparaban a irse, el grito del alcalde, Gabriel Huata Huata, fue: «Por favor, necesitamos más ayuda».

En un momento en que la lucha contra el contagio del coronavirus, en las zonas más pobres del país, se ha convertido en una cuestión de vida o muerte, podemos, a través de la solidaridad y la compasión, luchar contra el fatalismo y ayudar a Cáritas Perú y a la Iglesia local a reducir el riesgo y ayudar a la población más vulnerable.

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