El cardenal Tagle se encuentra con trabajadores migrantes en Líbano

En Líbano hay más de 250 000 trabajadoras domésticas migrantes. La protección institucional y legal que se les ofrece es muy deficiente. Caritas Líbano, a través de su Centro para Migrantes (CMCL), es una de las pocas organizaciones locales que se esfuerzan por asegurar condiciones laborales dignas.

Durante su viaje a Líbano, del 28 de febrero al 2 de marzo, el cardenal Luis Antonio Tagle, presidente de Caritas Internationalis y arzobispo de Manila, visitó algunos de los proyectos para migrantes de Caritas. Fue a casas de acogida, un centro de detención y una escuela, y celebró la eucaristía.

Cardinal Tagle visited a Caritas school for the toddlers of migrant workers. They don’t have access to state schools, can’t afford private ones, so would either have to go back to their home countries or not lose out on an education. The lessons are built around understanding rights. Credit: Caritas

El cardenal Tagle visitó una escuela de Caritas para los niños pequeños de las trabajadoras migrantes. Credit: Caritas

“Algunos de los migrantes acaban en peores condiciones de las que tenían en su  tierra”, explica. “Existen costes sociales no solo en lo referente a la dignidad de los trabajadores que han sido víctimas de abusos, sino también para las familias que estos han debido dejar en casa”.

El cardenal Tagle fue a una de las casas de acogida de Caritas, lugares cerrados en los que las mujeres y sus hijos viven protegidos de los daños que se les pudieran causar. Estas residentes han sobrevivido a los peores abusos que uno pueda imaginar y, a menudo, siguen en riesgo de ser maltratadas por sus tratantes o explotadores.

“Mi  patrono se negó a dejar que me fuera de la casa”, cuenta Aisha, una mujer filipina que ahora está en un centro de Caritas en Beirut. “Durante tres años trabajé de 6:00 de la mañana a 2:00 de la madrugada. Nunca tuve un día libre. Durante esos tres años no recibí salario alguno. No podía comprarme nada de ropa, ni siquiera ropa interior.

“Mis patronos abusaban de mí verbalmente e incluso me pegaban. Temía por mi vida. Me subí a la ventana y salté a la calle. Podrían haberme matado. Escapé y vine al Centro para Migrantes de Caritas Líbano”.

Caritas la está ayudando a conseguir el dinero que le deben.

“La gente tiene demasiado poder. Este les lleva al abuso”, dice Nimalah Wijesinghe, que trabaja en el centro. “Cuando llegas al control de inmigración del aeropuerto, le entregan el pasaporte al patrono. Si la trabajadora doméstica quiere cambiar e irse a otro trabajo, el patrono tiene el derecho de decir sí o no. Es como en el siglo XII”.

Nimalah Wijesinghe llegó a Líbano desde Sri Lanka hace 28 años y, antes de venir a Caritas, ella misma había sido trabajadora doméstica.

“Fui víctima de un accidente en 1991, cuando tenía 27 años”, nos cuenta. “Me desperté con amnesia en un hospital. Ni siquiera recordaba mi nombre”. También estaba paralizada de cintura para abajo. “Alguien me había herido. Cuando me llevaron al hospital pensaban que estaba muerta”, explica.

Con la ayuda de unas religiosas, consiguió recomponer su vida. “Los médicos decían que quizás no podría volver a andar. Fue un momento devastador”, explica, “pero no me lo creí; sabía que podría caminar de nuevo. Concentré mis pensamientos en lo afortunada que era por seguir viva, por poder ver el brillo del sol. No tenía nada, solo mi fe”.

Aprendió sola a volver a caminar pero en 2006 perdió una pierna.  “Conocí a un trabajador social de Caritas cuando estaba buscando ayuda para volver a Sri Lanka. Más tarde, me dijeron que era buena para este trabajo”, nos cuenta. “Me alegro tanto de estar aquí. Trabajo con personas que han vivido experiencias como las mías. Pienso en lo que me pasó y les puedo dar esperanzas”.

Tras visitar el centro, el cardenal Tagle dijo: “Caritas y otras instituciones benéficas hacen su parte, pero la comunidad internacional, los gobiernos, deberían cuidar de sus ciudadanos. ¿Por qué muchos tienen que dejar sus hogares para buscar trabajo en otros lugares? ¿Qué podemos hacer para darles un empleo y una vida digna a nuestra propia gente?”

El cardenal Tagle visitó una escuela de Caritas para los niños pequeños de las trabajadoras migrantes.  No tienen acceso a las escuelas públicas, no se pueden permitir las privadas, así que tendrían que volver a sus países de origen o quedarse sin educación. Las clases se organizan en torno al entendimiento de los derechos.

“Me encanta lo que hemos visto en este centro para hijos de migrantes, lo dedicados que están los trabajadores sociales para hacer lo que es mejor para estos niños, en medio de los traumas”, dice el cardenal.

El cardenal Tagle también visitó el Centro de Detención para extranjeros, una instalación del gobierno en la que hay 500 personas que tienen problemas jurídicos en Líbano y que están en condiciones irregulares de inmigración. Ubicado en el sótano de un aparcamiento, las condiciones dentro del Centro de Detención han sido repetidamente criticadas por no respetar las normas internacionales.

Cardinal Tagle visited a Detention Centre for Foreigners, a government facility holding around 500 foreigners with legal issues in Lebanon and with irregular immigration status. Located in the basement of a car park, conditions inside the Detention Centre have been repeatedly criticized for not respecting international standards. Credit: Caritas Cardinal Tagle visited a Detention Centre for Foreigners, a government facility holding around 500 foreigners with legal issues in Lebanon and with irregular immigration status. Credit: Caritas

El cardenal Tagle también visitó el Centro de Detención para extranjeros. Credit: Caritas

Desde el 2000, año en el que se abrió  el Centro de Detención, Caritas ha sido la única ONG que ha garantizado asistencia social, médica y jurídica a más de 35000 detenidos al año.

“En cada centro de detención te invade una especie de sensación de purgatorio o limbo”, afirma el cardenal.

“Apreciamos los esfuerzos que realizan los responsables, Caritas y los profesionales jurídicos para que las vidas de los detenidos sean soportables en la medida de lo posible, porque están debajo de un puente, no ven el sol, no se les saca al aire libre, viven en la oscuridad”.

Después de que Caritas haya ejercido presión durante muchos años, el gobierno va a abrir una nueva y moderna instalación en cuestión de pocas semanas. “La buena noticia es que se trasladará a los detenidos a una casa mejor”, explica el cardenal Tagle. “Esperamos que también se realicen mejoras para acelerar la resolución de sus problemas”.

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