La historia de dos familias de refugiados sirios en Líbano

Sentada en una manta en el césped, bajo el calor matutino del sol de marzo, Eman pareciera estar traumatizada por encontrarse en Líbano, a salvo por primera vez del temor de la violencia en casi cuatro años. Cuando la conocí, tenía apenas dos semanas de estar aquí.

A pesar de provenir de Daraa, la región de Siria en donde se inició el levantamiento el 15 de marzo de 2011 y donde ha habido amargos enfrentamientos y bombardeos, Eman tan sólo decidió huir del país hace poco tiempo.

Le pregunté cuál había sido la gota que derramó el vaso, lo que la decidió a dejar el país después de tanto sufrimiento. Con lágrimas en los ojos me dijo: «A principios de la guerra mi esposo desapareció, así que no quería irme porque pensaba que él volvería. Pero en febrero mi casa fue bombardeada y destruida, así que decidí venir aquí».

Los niños, los sobrinos y sobrinas de reciente llegada al Líbano Eman. Crédito: Tabitha Ross / Caritas

Los niños, los sobrinos y sobrinas de reciente llegada al Líbano Eman. Crédito: Tabitha Ross / Caritas

Eman me cuenta que ella y sus cuatro hijos pasaron tres días en la carretera de Daraa a Damasco. Al llegar a la capital, pasaron dos noches durmiendo en las heladas calles. Finalmente un taxista se apiadó de ellos y los trajo aquí, al Líbano, en donde se está quedando con un primo en un edificio de bloques de hormigón a medio terminar en el Valle de la Becá.

«Me siento avergonzada porque no tengo dinero y los familiares con los que estoy tampoco tienen. Comemos un día y luego nos pasamos tres sin comer, porque no tenemos dinero para comprar comida», dijo.

Los niños juegan, deslizándose cuesta abajo de una polvorienta ladera en un trineo improvisado hecho con una botella plástica de agua aplastada. Uno de los niños más pequeños se cayó y fue a dar a unas piedras. Eman se levanta de un salto y corre hacia él, lo trae de vuelta a la manta y lo conforta. Explica que a veces al niño le dan ataques epilépticos, así que trata de no dejarlo llorar nunca. Quisiera que lo viera un médico, pero sin tener dinero para comer o para pagar el alquiler, que tiene que pagar mañana, no sabe cómo hacerlo.

Antes de irnos, el personal de Caritas en el terreno prometió volver al día siguiente con 200U$ para Eman y la misma cantidad para su primo, lo cual les permitirá comprar comida y pagar el alquiler. Caritas también podrá asesorar a Eman sobre cómo obtener asistencia médica para su hijo y la ayudará con la burocracia a la que le tendrá que hacer frente en el proceso de registraste con la ONU y a asentarse poco a poco en su país de asilo.

Nos vamos para ir a ver a otra familia, en mi mente queda impregnada la imagen de Eman y sus hijos como una silueta, de pie contra el sol poniente.

Tony y Abir

Conducimos al pueblo de Zahle y a un área industrial. Parece un lugar extraño para visitar a una familia de refugiados, pero ciertamente, se abre la puerta de uno de los edificios y nos reciben en lo que antiguamente debió haber sido un almacén, sin ventanas y oscuro, en donde viven Tony y Abir Atiey con sus trillizos de 13 meses.

Caritas se enteró de la familia porque los trillizos nacieron 10 semanas antes de término; Caritas ayudó a pagar el coste de mantenerlos en el hospital durante dos meses.

Si Eman es una de las refugiadas sirias más recientes en el Líbano, Abir y Tony quizás sean dos de los primeros, ya que han estado aquí desde septiembre de 2011. Ellos salieron de Siria sin nada más que lo que llevaban puesto cuando su pueblo natal de Qusair fue bombardeado intensamente.

Triplets Rita, Teresa y Elie y sus padres Abir y Tony llegaron a Líbano en 2011. Crédito: Tabith Ross / Caritas

Triplets Rita, Teresa y Elie y sus padres Abir y Tony llegaron a Líbano en 2011. Crédito: Tabith Ross / Caritas

El hogar de Abir y Tony es oscuro y apenas tiene muebles, pero a pesar de su pobreza evidente es acogedor, con una gran alfombra, colchones en el suelo e iconos por todos lados. La pareja se ha esforzado por forjarse una vida aquí en Líbano.

Sin embargo, después de tres años y medio de exilio, Tony no tiene un empleo regular y le preocupa su futuro. «Aquí en el Líbano simplemente estamos sobreviviendo, no viviendo», dijo.

Cuando pienso en Eman y en Tony y Abir, no me impactan tanto sus diferencias cuanto su similitud. Sí, una familia ha estado aquí menos de tres semanas y la otra más de tres años; sí, la situación de Eman es más apremiante ahora; pero ambas familias perdieron sus hogares en Siria debido a los bombardeos y se están enfrentando a una pobreza aterradora aquí en Líbano. Y ambas han recibido apoyo de Caritas en los momentos más acuciantes.

La situación de los refugiados sirios en el Líbano es difícil y las necesidades son enormes, pero conforme la crisis entra en su quinto año, el personal de Caritas se está enfrentando a esta situación tan abrumadora con dedicación y perseverancia; y en muchos casos están siendo la diferencia crucial entre la supervivencia y la indigencia.

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