Dentro del campamento de inmigrantes de Calais

Caritas ofrece kits de refugio, pero deja la construcción a los mismos residentes del campamento de migrantes de Calais, Francia. Foto de Elodie Perriot / Secours Catholique

Caritas ofrece kits de refugio, pero deja la construcción a los mismos residentes del campamento de migrantes de Calais, Francia. Foto de Elodie Perriot / Secours Catholique

«¿De Sudán? No, de Libia «, dice Amjaad.

Hay muchas nacionalidades entre las más de 2.000 personas que viven en el campamento ‘Jungla 2’, cerca del puerto de Calais, en la costa norte francesa. Sudaneses, afganos, sirios y eritreos: todos unidos por historias de conflicto y pobreza, que les impulsan a abandonar sus países para llegar aquí.

El campamento ocupa un antiguo vertedero. Hay nubes de arena volando a través de la escasa vegetación, sacudiendo las lonas plastificadas de las tiendas de campaña. Es un largo, caluroso y polvoriento paseo de 7 kilómetros a pie, desde Calais. Se siente como si fuera el fin del mundo, no sólo al final de la frontera.

Nadie escogería vivir aquí, sin embargo, el campamento está considerado una gran mejora, ya que ha sido aceptado por las autoridades locales. «Durante años, los migrantes establecían refugios improvisados que podían ser destruidos en cualquier momento por la policía», recuerda Mariam Guerey, que trabaja para Secours Catholique/Caritas Francia, en Calais. «Cambia todo cuando ya no se preguntan a dónde van a dormir».

Martillo en mano, Amjaad está terminando el armazón de madera de lo que será una sala de reuniones comunitaria, en el campamento. Conocido como «El constructor», ha completado más de cien estructuras de la “Jungla 2”. Caritas ofrece kits de refugio, pero luego deja su construcción a los residentes del campamento.

«Rápidamente nos dimos cuenta de que la mayoría eran muy competentes», dice Pierre Gobled, que lidera un equipo de voluntarios. «Acabamos de dar un vistazo rápido. A veces, cuando terminan, con orgullo nos muestran lo que construyeron».

Junto a los refugios, se han construido también comedores y cafeterías. «Es importante la creación de lugares colectivos», indica Vicent de Coninck, que dirige el trabajo del Servicio Migración de Secours Catholique. «Hay necesidad de vida social. Por eso se han construido cinco mezquitas, una iglesia, dos escuelas y varios comedores. Son lugares de encuentro, de calor humano».

Calais es la última parada para muchos migrantes, antes de intentar la peligrosa travesía a través del canal inglés. Foto de Elodie Perriot / Secours Catholique

Calais es la última parada para muchos migrantes, antes de intentar la peligrosa travesía a través del canal inglés. Foto de Elodie Perriot / Secours Catholique

Una de las construcciones más hermosas es una iglesia construida por eritreos, con un campanario alto cinco metros. Quizás lo vean los veraneantes desde sus coches, ya que hay que pasar por una carretera de circunvalación, protegida por una valla de alambre de púas de 4 metros de altura. La valla es para evitar que los inmigrantes se escondan a bordo de los vehículos que por allí pasan. Calais es un bullicioso puerto para turistas y camiones comerciales. Es también el punto de partida de los migrantes que desean llegar al Reino Unido.

Adam es uno de un grupo de sudaneses y chadianos que viven en la ‘Jungla 2’. Viajó a través de Libia, cruzó el Mediterráneo hasta Italia, luego hacia el norte hasta llegar a Calais, hace 8 días. Esta noche va a cruzar las barreras hasta el túnel: «Y luego ya veremos.»

Houmed, un eritreo de 17 daños, tenía el mismo plan. Su funeral tuvo lugar hace unos días, antes de hacer estas entrevistas. Numerosos inmigrantes han muerto, entre junio y julio de 2015, tratando de llegar al Reino Unido, muchos más que en los últimos seis meses de 2014.

«Sólo los de su grupo fueron al funeral», señala Mariam Guerey. «Me gustaría que otros hubieran venido a mostrarnos su solidaridad». Es difícil construir un sentido de comunidad, a través de barreras lingüísticas y culturales, donde las personas van y vienen, y donde la supervivencia es una prioridad”.

Amjaad está trabajando con un egipcio y algunos sudaneses para terminar la sala de reuniones de los migrantes. El objetivo es ofrecer un espacio para que los representantes de las diferentes nacionalidades se reúnan regularmente como una especie de «Consejo» para discutir mejoras en el campamento.

«Los migrantes ven su importancia también cuando ven que hemos obtenido de las autoridades, el agua, la recogida de basura y la electricidad. Es algo concreto para ellos», dice Vicent de Coninck.
La idea de las reuniones es también abordar cuestiones normativas más amplias, que afectan a los migrantes en su viaje, las solicitudes de asilo en la UE, para que esas políticas puedan cambiar.

«Es difícil para ellos estar interesados, cuando saben que pasaran años antes de que cambien», dice de Coninck.

El personal del Servicio Migrantes de Caritas Francia recibe cotidianamente a refugiados y les proporciona asesoramiento jurídico, una bebida caliente, lecciones de lengua francesa y recargas telefónicas. Foto de Elodie Perriot / Secours Catholique

El personal del Servicio Migrantes de Caritas Francia recibe cotidianamente a refugiados y les proporciona asesoramiento jurídico, una bebida caliente, lecciones de lengua francesa y recargas telefónicas. Foto de Elodie Perriot / Secours Catholique

Abderraouf es un estudiante sudanés. «Es importante crear un lugar de encuentro, un lugar donde uno pueda escuchar las necesidades y problemas del campamento, que también podrían llegar de reflejo al gobierno», comenta.

El joven sudanés lleva cinco meses atrapado en Calais. Ha renunciado a correr el riesgo de la travesía hasta el Reino Unido y en su lugar está aprendiendo francés, para ayudar a los migrantes a comunicarse con las autoridades y las asociaciones.

Según la legislación actual, él debe solicitar asilo en Italia, donde se tomaron sus huellas digitales por primera vez. Pero él se resiste a ir a hacerlo: «Cuando llegamos a Italia, nos sentimos como si fuera el Darfur», dice.

Amjaad «El Constructor» no participará en las reuniones del consejo, pero sólo porque ocurren cuando llega otro residente, «un tipo completamente destruido por lo que ha experimentado», ¡necesitaría un psiquiatra!

‘Jungla 2” será tal vez una estancia corta para muchos de sus residentes, pero sus viajes de privaciones y abusos, bondad y compañerismo, quedarán con ellos para siempre.

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