La crisis de Venezuela: los voluntarios de Cáritas restablecen la salud y la esperanza

Monitoreo de los niños en riesgo de desnutrición

María Mendoza abre las puertas de acceso a la casa de Punta de Mulato, Venezuela, a primeros de julio. Ella se está preparando para una sesión de monitoreo del crecimiento semanal para menores de cinco años. Los voluntarios de Caritas que se sintieron inspirados a ayudar, durante la crisis de Venezuela, llevan sillas y mesas de las instalaciones de la parroquia. Se instala una báscula, una cinta métrica fijada a la pared y se preparan los sobres de ‘nutrialimento’ con sabor a vainilla y fresa, un suplemento nutricional, a repartir entre los participantes.

Cuando las madres comienzan a llegar, María y su compañera voluntaria, Miriam Montaño, una maestra jubilada, las inscriben en la entrada. Han pasado solo dos semanas desde que los niños fueron inscriptos en el programa SAMAN (Sistema de Alerta, Monitoreo y Asistencia a la Nutrición), tras mostrar signos de estar en riesgo de desnutrición. Pero sus mejillas ya se están rellenando, gracias a los tres refrigerios diarios que ofrece el nutrialimento.

Claribel Morales, mother of 3, feeds her youngest son, Yordin, nutrialimento while she waits to have his growth monitored by Caritas Venezuela volunteers.

Claribel Morales, madre de 3 hijos, le da el nutrialimento a su hijo menor, Yordin, mientras espera que su crecimiento sea monitoreado por los voluntarios de Cáritas Venezuela: «Es mucho más flaco que mis otros hijos», dice comparando a Yordin con sus hijos mayores, que nacieron antes de la crisis. «Ellos eran gorditos, él es flaco. No tengo que obligarlo a beber el nutrialimento. Él me lo pide».

Todos sienten los efectos del hambre

Maria y Miriam pueden identificarse con los niños, al igual que todos los voluntarios. Todos ellos han conocido el hambre. Todos han sufrido el impacto de la inflación galopante de la crisis venezolana, que ha diezmado el poder adquisitivo y ha limitado el salario mínimo mensual a $ 1,50 al mes, que equivale a un kilo de carne. «No he desayunado en dos años», dice María. Miriam añade:

«Mi esposo perdió 20 kilos. Seguimos añadiendo agujeros a su cinturón, porque no podemos comprar ropa nueva».

En Cáritas, encuentran esperanza y se han unido a la llamada de movilización de la directora de Cáritas, Janeth Márquez, que considera una «oportunidad poder salvar las vidas de 300 000 niños».

Ayude a Cáritas a salvar las vidas de los niños en Venezuela – haga un donativo hoy a la llamada de Cáritas Venezuela por la crisis

Los doctores enseñan sobre el agua limpia

En el sendero de acceso de la casa de María, los niños y las personas que los cuidan se inscriben y se sientan en banquetas de plástico azul. La Dra. Albina Rosas comienza una charla sobre cómo funciona la nutrición y la importancia de usar agua segura para preparar el suplemento del nutrialimento. El agua del grifo llega una vez cada cuatro o seis semanas, e incluso entonces es marrón y está llena de impurezas. En respuesta, Cáritas usa las sesiones de SAMAN para introducir tecnologías sencillas para depurar el agua. Eso incluye la purificación solar y filtros fáciles de fabricar, además de alentar a las personas a hervir el agua de forma rutinaria.

La Dra. Rosas está particularmente preocupada por la higiene y la forma en que las condiciones poco seguras pueden provocar infecciones en la piel y problemas de estómago. Una pastilla de jabón cuesta 3 millones de bolívares, más de la mitad del sueldo medio que se gana, por lo que es un lujo que pocos se pueden pagar:

«O compras jabón o compras comida», dice Rosas.

Un niño con una infección en la piel puede tener problemas para dormir o, peor aún, estar en riesgo de complicaciones adicionales.

La falta de higiene básica también puede causar diarrea, lo que rápidamente eliminaría cualquier aumento de peso y retrasaría el desarrollo de los niños. El costo de la atención primaria es prohibitivamente caro y  en el mercado escasean los medicamentos básicos. En estas circunstancias, enseñar métodos artesanales de depuración de agua y otras estrategias de supervivencia puede ser una cuestión de vida o muerte.

Caritas Venezuela volunteer Dr. Albina Rosas leads caregivers in a nutrition session and how to protect their children from disease. Children already vulnerable due to under-nutrition have a harder time fending off disease.

La voluntaria de Cáritas Venezuela, la Dra. Albina Rosas, dirige a los cuidadores en una sesión de nutrición y sobre cómo proteger a sus hijos de las enfermedades. Los niños, ya vulnerables debido a la desnutrición, tienen más dificultades para defenderse de las enfermedades.

Enfermedades comunes que se convierten en problemas importantes

«La seguridad alimentaria ha dado como resultado el debilitamiento de la población en general, a tal punto que, enfermedades comunes, que una vez eran manejadas con primeros auxilios o incluso remedios caseros, ahora se agravan porque las personas están débiles y sus defensas son bajas», dice Rosas.

«Estamos viendo a niños que podrían ir a la clínica con un simple caso de asma bronquial, pero debido a la falta de medicamentos, la falta de inhaladores y antibióticos, ese caso simple podría convertirse en una infección respiratoria en toda regla o incluso en una neumonía. Un niño incluso podría morir de una  enfermedad que una vez se resolvía rápidamente en Venezuela».

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Frenar la desnutrición

Con la sesión educativa finalizada, los cuidadores comienzan a llevar a sus hijos, uno por uno, a controlar su altura, peso y circunferencia del brazo.

Los mayores suben a la balanza electrónica y miran los números cuadrados que parpadean en la pantalla gris. El peso de los bebés se mide pesando a sus cuidadores con y sin sus pequeños en brazos. Cada gramo ganado es una victoria celebrada con un ‘choca esos cinco’ o una palmadita en la cabeza del P. Álvaro, párroco y director de la Caritas diocesana local.

Ayude a más niños afectados por la crisis de Venezuela a combatir la desnutrición

Radiantes de orgullo, las madres y las abuelas se alejan de los niños para reunirse con la Dra. Rosas o la Dra. Luisa Carlotta Castillo. En cada niño que asiste, la Dra. Castillo ve el reflejo de sus 15 sobrinos y nietos. Muchos de ellos ahora forman parte de la diáspora venezolana.

Fr. Alvaro, left, and Caritas Venezuela volutneer Dr. Luisa Carlotta Castillo, center, discuss how they can assist a grandmother who arrives at the session in search of assistance for her chronically ill granddaughter.

El P. Álvaro, a la izquierda, y la voluntaria de Cáritas Venezuela, la Dra. Luisa Carlotta Castillo, en el centro, discuten de cómo pueden ayudar a una abuela que llega a la sesión buscando ayuda para su nieta, enferma crónica.

La Dra. Castillo atiende con cariño a los bebés y felicita a sus madres. «Incluso un aumento de peso de 500 gramos, en un período corto de tiempo es significativo», dice.

Dolorosamente consciente de la relevancia crítica, en el desarrollo, de los primeros 1000 días, Castillo trabaja para empoderar a los cuidadores. Ella les ofrece consejos sobre cómo mantener a sus hijos sanos y aprovechar al máximo el nutrimento que reciben, intentando completarlo con cualquier otro alimento que puedan obtener. El hambre afecta más a los niños, no solo en la pérdida de peso y el letargo. A menudo significa aumento de enfermedades y días escolares perdidos. La Dra. Castillo dice:

«Este trabajo me llena. Estamos ayudando a frenar e incluso revertir la desnutrición. Si podemos mejorar las perspectivas de estos niños, que de otra manera podrían enfrentarse a un deterioro cognitivo que podría afectar su capacidad para ganarse el pan de cada día, en el futuro, también podremos revertir el impacto a largo plazo del hambre al que nos enfrentamos».

Creando una red de seguridad nutricional

María ha preparado algo especial para las familias: ‘chicha’, una bebida dulce hecha con arroz, azúcar y leche. Los niños se quedan cerca de la jarra de plástico con la esperanza de obtener una segunda taza, mientras los voluntarios verifican los datos de cada niño, en una tabla nutricional de la Organización Mundial de la Salud. Los voluntarios son meticulosos al registrar cada detalle. Se les puede ver revisando y volviendo a verificar en qué zona están los niños: la zona verde, saludable, la zona amarilla, de advertencia, o la zona roja, que alerta al equipo de que el niño está gravemente desnutrido.

Los datos recopiladas en las sesiones de Caritas-SAMAN ofrecen cifras concretas de la crisis del hambre en Venezuela y ayudan a llenar el vacío en ausencia de estadísticas oficiales. El gobierno no ha publicado cifras autorizadas, desde 2009, lo que dificulta a las organizaciones a cuantificar la gravedad de la crisis.

Hasta la fecha, Caritas ha examinado a más de 15 000 menores de 5 años. Más de 10 000 de ellos deben inscribirse para recibir más ayuda nutricional.

Además, dichos programas ayudan a la Iglesia a evaluar dónde se necesita más ayuda y a responder en consecuencia. Como resultado del programa SAMAN, el P. Álvaro organizó una ‘olla comunitaria’. Es una sopa que se ofrece a personas vulnerables, como niños y ancianos. Recientemente aumentó su frecuencia, pasando de  un día, a tres días por semana. El Departamento de Educación de la Iglesia vio la necesidad de compensar los días escolares perdidos y grabó los programas educativos, para transmitirlos por la radio.

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The Caritas Venezuela 'olla comunitaria' (community pot) in San José de Obrero Church started off serving 40 people and has now grown to feed more than 500 each week.

La ‘olla comunitaria’ semanal en la iglesia de San José Obrero comenzó a servir a 40 personas y ahora ha crecido para alimentar a más de 500, cada semana.

 

Recuperando la alegría de la infancia

A medida que los cuidadores se van, se les entregan nuevos paquetes de nutrialimento para ayudar a los niños hasta la siguiente sesión de monitoreo. Los resultados son prometedores: en solo dos semanas, 14 de los 16 niños tratados lograron un aumento de peso, lo suficientemente significativo como para sacarlos de la zona amarilla, en riesgo, y la roja, desnutridos, a la verde.

Para la Dra. Rosas, sin embargo, el mejor indicador del progreso no está en los números sino en las sonrisas y reacciones que recibe de sus jóvenes pacientes. «No se trata solo de recuperar peso, porque eso es solo un indicador. Cuando ves a un niño que vuelve a ser receptivo, que responde a tus preguntas y es tan enérgico que la madre ya no sabe cómo tenerlo quieto, esa es la mayor satisfacción. Estamos viendo a los niños recuperar la alegría de la infancia», dice ella.

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Milena Sosa, 34, with her daughters Barbara, 4, and Estefany 22 months, with their nutritional supplements given to them by Caritas Venezuela volunteers.

Milena Sosa, de 34 años, con sus hijas Bárbara, de 4, y Estefany, de 22 meses, con los suplementos nutricionales que recibieron de los voluntarios de Cáritas Venezuela.